El 13 de marzo de 2025 cerrábamos la última página de este blog recordando una verdad incómoda para los amantes del inmovilismo: en 1893, los trabajos de la primera logia de Le Droit Humain no versaban sobre la longitud exacta de las bandas ni sobre interpretaciones místicas de la escuadra. Versaban sobre educación integral, sobre la guerra, sobre la paternidad y sobre el peligro de las organizaciones clericales. Como resumíamos entonces: poco simbolismo y mucha preocupación por cuestiones sociales.
Tras un periodo de silencio en este espacio, la realidad no ha hecho más que confirmar aquel diagnóstico. No podemos seguir parados. La alarmante desconexión entre las grandes declaraciones constitucionales de la Orden y la práctica cotidiana de muchos de nuestros talleres es hoy un hecho incuestionable. Es hora de romper el letargo y reactivar las herramientas de este blog para dar una batalla ideológica que no puede esperar: la transformación de nuestros templos de simples museos de ritos en verdaderas Logias-Escuela.
La trampa de la simbolatría y el secuestro del ideal
El método masónico es una herramienta pedagógica extraordinaria, pero corre el peligro de convertirse en su propio veneno cuando se desvirtúa. Hoy asistimos en muchos talleres a una preocupante simbolatría: el ritual se ha transformado en el fin y no en el medio. Nos refugiamos en la comodidad de la liturgia formal porque debatir sobre los problemas desgarradores de nuestro tiempo —la justicia social, la laicidad real, los límites éticos del progreso o los derechos fundamentales de tránsito de los seres humanos— exige un esfuerzo intelectual y cívico que perturba la paz del taller.
Herederos de la audacia de Maria Deraismes y Georges Martin, no podemos mirar hacia otro lado. Ellos no desafiaron las estructuras de su tiempo ni sufrieron el ostracismo civil para que hoy nos encerráramos a jugar a los misterios antiguos bajo un barniz de fraternidad de salón. No fundaron un club de lectura inofensivo; constituyeron una vanguardia de combate por los derechos del ser humano.
Cuando una masonería como la nuestra olvida esto, abdica de su propia naturaleza. Reemplazar el compromiso activo por el fetichismo del grado es una forma sutil de dogmatismo. La verdadera iniciación no aísla del mundo; educa para transformarlo.
Hacia la Logia-Escuela: El laicismo en acción
Nuestra propuesta para esta nueva etapa de masoneriamixta.es no se limitará a la queja estéril. Queremos levantar los planos de una alternativa necesaria. Si el trabajo masónico se realiza de manera explícita Al Progreso de la Humanidad, la consecuencia lógica es que las logias operen como Logias-Escuela:
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Escuela de Ciudadanía Activa: El método del libre examen debe ser la herramienta para desarmar los prejuicios del presente, analizando la realidad social con rigor científico, objetividad y estricta laicidad.
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Compromiso Ético frente al Dogma: Frente a los nuevos fundamentalismos y la sutil erosión de los derechos civiles, la logia debe formar individuos capaces de sostener los principios de igualdad y justicia allá donde la sociedad civil más lo necesite.
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El Rito como Pedagogía, no como Fetiche: Los viajes, las herramientas y los símbolos deben recuperar su valor de uso. No son títulos de nobleza interna; son ejercicios prácticos de demolición del ego y de construcción de conciencia social.
Mantener un compromiso libremente asumido no es someterse ciegamente a una estructura administrativa esclerosada; es ser fiel al principio moral que nos hizo firmar la Carta Patente de nuestra propia conciencia.
Iniciamos hoy una nueva andadura. El mazo y el cincel vuelven a golpear en este blog, pero no para esculpir metales decorativos, sino para abrir brecha en el debate intelectual de nuestra masonería. El delantal sigue siendo ropa de trabajo. Es hora de volver a los talleres, pero con las ventanas abiertas de par en par al siglo XXI.
Bienvenidas y bienvenidos a esta nueva etapa.

Nunca rendirse, templos abiertos, para peregrinos y buscadores.Las enseñanzas están para hacerlas llegar. Deseo vuestra labor y servicio tengan continuidad.
Todo son ciclos, si somos perseverantes y pacientes, existe el ritmo
Abrazo
Doble alegría siento:
Que volvamos a contar con masonería mixta
Que alguien ponga negro sobre blanco está etapa oscura que estamos viviendo
Últimamente solo se celebran tenidas administrativas y con lectura de planchas » si las hubiera»
Solo en la cadena de unión, alguna vez, se mencióna con una pequeña frase algún problema del mundo que nos azota
Un fuerte abrazo fraternal
Inés Valera
Totalmente de acuerdo.
Compuesta por franc-masones fraternalmente unidos en su diversidad, sin distinción de orden social, étnico, filosófico o religioso, la Orden se impone, para alcanzar este objetivo ( que todos los seres humanos del mundo logren beneficiarse igualmente de la justicia social en una humanidad organizada en sociedades libres y fraternas), un método ritual y simbólico, mediante el cual sus miembros construyen su templo para el progreso y la perfección de la humanidad.
No puedo alinear la imagen que he formado de la Masonería con lo que este texto expresa. Confunde la finalidad iniciática de la Orden con un programa de acción cívica e ideológica, y lo hace con un tono militante que, paradójicamente, reproduce la estructura dogmática que dice combatir. Critica el «fetichismo» y la «simbolatría» sustituyéndolos por otro fetiche, el de la utilidad social.
La Masonería no es un movimiento, no es un partido, no es una ideología. Es un método iniciático cuyo único objeto es el trabajo del masón sobre sí mismo -desbastar la piedra bruta- para que, devuelto al mundo profano, actúe con rectitud, sabiduría y justicia. La acción pertenece al masón, no a la Masonería.
Tampoco comparto el desprecio implícito hacia el rito, presentado como una liturgia ejercida desde la comodidad, el inmovilismo o incluso desde el fetichismo. El rito no es un adorno, es el lenguaje mismo por el que la Orden transmite y enseña, es nuestra principal herramienta de trabajo.
Se instrumentaliza, además, la historia de nuestra Orden. La fidelidad a los fundadores no consiste en repetir sus combates, propios de su tiempo y de su contexto, sino en mantener vivo su método y su legado.
Y cuando se habla de «batalla ideológica» no puedo evitar la pregunta más obvia: ¿qué ideología? ¿La del autor? por qué la Masonería habla de libre pensadores, no impone una ideología y rechaza todo dogma. La Masonería no es un ateneo ni un club político.
Rechazo igualmente la noción de Logia como «escuela de ciudadanía activa». La Masonería no está destinada a inculcar una formación reglada ni una orientación cívica determinada, sino a formar hombres y mujeres libres que, desde su propia libertad —y no desde una ideología impuesta en el Taller—, sabrán obrar conforme a los principios masónicos en el ámbito que cada cual elija.
Hay aquí, en el fondo, una paradoja antidogmática evidente: el texto pretende enfrentar al dogma desde posiciones inequívocamente dogmáticas, porque materializar lo que propone exige, necesariamente, instalar un dogma previo en la Logia. El verdadero libre examen masónico no consiste en aprender conclusiones, sino en aprender a hacerse preguntas.
Concluyo diciendo que, en mi lectura, este escrito no trata sobre lo que la Masonería es, sino sobre lo que el autor quisiera que fuera, orientada a sus principios y a su ideología particular. Y me recuerda a una frase que aprendí, que de forma no textual decía «cuidado con la línea que separa al masón que trabaja la piedra del militante que la arroja».
Saludos.
Estimado/a o lector/a:
Agradezco sinceramente el rigor, la lucidez y el tono de tu comentario. Traes al taller de este blog un debate que considero vital y que, lejos de dividirnos, debería enriquecernos: ¿dónde termina el trabajo sobre uno mismo y dónde empieza la responsabilidad hacia el mundo?
Cuando propongo el concepto de Logia-Escuela y hablo de «batalla ideológica», no me refiero a la lucha partidista ni a la imposición de un programa político cerrado; eso, en efecto, destruiría el libre examen. Me refiero a la defensa activa de los principios emancipadores que dan sentido a nuestra Orden: la laicidad, la equidad y los derechos fundamentales. El silencio o la neutralidad ante la regresión de estos valores no es vacuidad dogmática; a menudo es, como indico en el texto, una forma de confort inmovilista.
Coincido contigo en que el rito es nuestro lenguaje fundamental. No hay desprecio hacia él, sino una advertencia contra su fosilización. El rito es el andamiaje, no el edificio. Desbastar la piedra bruta es un fin indispensable, pero la Masonería que heredamos de fundadores como Maria Deraismes o Georges Martin nos enseña que esa piedra no se pule para ser expuesta en una vitrina interior, sino para encajar en la construcción de una sociedad más justa.
Recojo con humildad y respeto tu advertencia final sobre la línea que separa al masón que trabaja la piedra del militante que la arroja. Es un excelente recordatorio para no perder la templanza. Sin embargo, permíteme añadir que tan peligroso es arrojar la piedra como guardarla en el bolsillo por miedo a que se desgaste al contacto con la realidad de su tiempo.
Un fraternal saludo, y gracias por enriquecer este espacio con tu disenso.
Te agradezco la respuesta y, sobre todo, el tono con que la planteas, porque permite seguir trabajando el debate sin cerrarlo. Coincidimos en lo esencial: el diálogo enriquece. Permíteme, sin embargo, insistir en aquello que a mi juicio sigue sin resolverse.
Renombrar «batalla ideológica» como «defensa de principios emancipadores» no disuelve la objeción de fondo: ¿quién decide, dentro del Taller, cuáles son esos principios y con qué contenido?. En el momento en que la Logia, como cuerpo colectivo, la convierte en programa, deja de ser espacio de libre examen donde todos tenemos cabida.
Sobre el rito como «andamiaje y no edificio», el matiz, aunque elegante, sigue subordinándolo. Para mí el rito no es preparación de algo más importante que vendría después: el rito es el trabajo mismo. La construcción no está fuera del Templo esperando a que terminemos con la liturgia; está, justamente, en lo que sucede dentro mientras el rito se desarrolla. Confundir esto da pie, sin pretenderlo, a la idea de que la Logia sería una antesala de la verdadera labor -que sería social-. No lo es, la Masonería es trabajo interior, la acción pertenece al hombre libre, a cuyo desarrollo contribuye la Masonería para que su obra revierta en beneficio de la humanidad.
No te leo, como alguien que quiera imponer un dogma; te leo como alguien que cree, con sinceridad, que la Masonería debe pronunciarse. Mi discrepancia es justamente esa: creo que la Masonería forma a quienes se pronuncian, pero no es ella la que se pronuncia. Ahí está, para mí, la diferencia entre la Orden y cualquier otra forma de asociación legítima pero distinta.
Un fraternal saludo y gracias de nuevo por sostener el debate.
Estimado lector:
Te agradezco profundamente que sostengas este espacio de diálogo con tanta altura. Es un verdadero placer debatir así.
Al leer tu argumentación, percibo que partimos de dos premisas filosóficas distintas sobre lo que es, o debe ser, la institución. Tu postura defiende una visión de la Masonería como una realidad homogénea, centrada exclusivamente en el método iniciático puro y en un trabajo estrictamente interior. Es una opción respetable y con un gran arraigo histórico sobre todo en el mundo anglosajón en el que algunos circunscriben «la regularidad». Sin embargo, considero que olvidas que la Masonería es plural y que conviven en ella diferentes corrientes metodológicas.
Cuando te preguntas quién decide en el Taller cuáles son esos principios emancipadores, la respuesta no la da el capricho del Venerable Maestro ni una mayoría coyuntural: la respuesta está escrita en la propia Proclamación de El Derecho Humano y la Constitución Internacional de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain. Nuestra Obediencia no nació en la neutralidad; nació con un compromiso explícito. Desde sus orígenes, mucho antes de las declaraciones modernas, se posicionó en la defensa de los Derechos Humanos, la Justicia Social y la emancipación del ser humano. Esos son nuestros límites del plano; ese es nuestro marco ético.
Dices, con acierto, que la Masonería forma a quienes se pronuncian. Pero es aquí donde reside el meollo de nuestra discrepancia: ¿cómo puede formarse el masón para trabajar en el mundo si convertimos la Logia en un espacio impermeable a los desvelos de ese mismo mundo?
El libre examen no consiste en flotar en una abstracción ritual; consiste en pasar la realidad social, con rigor científico y estricta laicidad, por el tamiz de nuestros valores compartidos. Para que el masón actúe con rectitud allá afuera, debe fortalecer su línea de pensamiento aquí dentro. Si vaciamos los talleres del debate sobre la justicia o los derechos fundamentales por miedo a perturbar la paz del templo huyendo de los temas de disenso, ¿con qué herramientas éticas pretendemos que desbaste su piedra en el mundo profano?
El rito es una pedagogía extraordinaria, pero para mí su belleza radica en que es una herramienta de demolición del ego para la construcción de la conciencia social. Respeto profundamente a quien elige vivir el rito como el edificio mismo; pero reivindico con la misma fuerza el derecho y el deber histórico de quienes entendemos que la Logia-Escuela es el taller donde se diseñan los planos de una sociedad más justa. A mayor abundamiento, nuestra propia Constitución Internacional califica al Rito como método de trabajo no como un fin en sí mismo. Quien quiera poner el Rito por encima de cualquier otra consideración es muy posible que no encuentre en Le Droit Humain el lugar adecuado.
Un muy fraternal saludo, y gracias de nuevo por este magnífico intercambio.
Te agradezco una vez más la altura de tu respuesta, que confirma que el debate, sostenido con respeto, es uno de los frutos más valiosos de la labor en común.
Coincido contigo en algo esencial: partimos, efectivamente, de premisas distintas. Yo entiendo la Masonería desde el trabajo interior, desde el paciente desbaste de la piedra bruta, y tú lo formulas con acierto al decir que la Masonería es plural. Y es precisamente por esa pluralidad por la que me cuesta seguirte cuando, en su nombre, propones que unos principios determinados se materialicen de forma concreta en una corriente de pensamiento y acción. ¿No es esa, paradójicamente, la manera más segura de perder la pluralidad? Unir lo disperso puede hacerse desde unos principios justos -y no voy a discutirlos-, pero la acción social que reivindicas difícilmente se materializa sin dirigir esos principios de forma práctica, y eso implica, necesariamente, un marco único y dogmático. Es cierto que en Masonería conviven distintas corrientes metodológicas, pero aquí estamos hablando de una Masonería en concreto, con una metodología clara: la orientada al trabajo interior.
No me malinterpretes: no hablo de neutralidad. Hablo del trabajo del masón sobre sí mismo, y hablo de dónde tiene sentido hablar de Masonería, que es a cubierto, dentro del Templo. La Luz recibida entre columnas dará fruto en la acción del masón, pero será este, desde su libertad y su decisión, quien sabrá tomar la acción que corresponda en el mundo profano; no dirigido desde el Taller.
Creo que, seguramente sin pretenderlo, devalúas el trabajo ritual al afirmar, en el fondo, que si este no se permea de la situación político-social carece de valor. Ahí está, para mí, una discrepancia de base. Vuelvo a insistir: el Taller no es un foro político. Si lo fuera, difícilmente reuniríamos bajo un mismo ideal masónico pensamientos tan distintos. Y aquí me permito formularte la pregunta más directa que se me ocurre: ¿serías capaz de definir un dogma masónico? ¿Podrías especificar que, para estar en Masonería, hay que tener un sentido político, social o religioso único? Porque tendrías que hacerlo necesariamente para fijar el rumbo de la lucha social que propones con acciones concretas. Y eso no solo choca con el Artículo 2 de la Constitución Internacional, sino que se enfrenta al principio rector que tú mismo invocas: el de unir lo disperso. ¿Por qué ciertos temas son tabú en el Taller? Justamente para generar las condiciones que permiten que todos los pensamientos florezcan unos junto a otros sin pisarse, y para sostener el respeto y el diálogo constructivo a través del trabajo bajo el símbolo. Es precisamente el símbolo el que te permite sentarte frente a un Hermano cuyo pensamiento esté en las antípodas del tuyo, escucharlo y aprender de él. ¿En qué otro foro puedes encontrar algo semejante? Ahí reside una de las grandezas de la Masonería. Dejemos las cámaras de eco para otras asociaciones.
Reivindicas como derecho y deber histórico la acción social. Puedes ejercerla, como masón, con tu libertad y con las herramientas que recibiste desde el día de tu iniciación. Pero no bajo la bandera de lo que consideras que es Masonería, porque esta es mucho más plural que eso.
Por último, dices que quien quiera poner el Rito por encima de cualquier otra consideración es muy posible que no encuentre en Le Droit Humain el lugar adecuado. Permíteme opinar exactamente lo contrario: quien no comprenda cuál es el ámbito propio de trabajo de la Masonería debería buscar cabida en otro tipo de asociación. Las hay, y no son ni mejores ni peores que la Masonería, sencillamente distintas y, en muchos casos, seguramente complementarias.
Un fraternal saludo, y gracias de nuevo por mantener vivo este intercambio.
Estimado Jerónimo.:
Agradezco de nuevo tu réplica. Creo que este intercambio es valioso porque escenifica con total nitidez el nudo gordiano de nuestra discrepancia. Sin embargo, al leer tu pregunta sobre si sería capaz de definir un «dogma masónico» para fijar el rumbo de una «lucha social», percibo que estás batiéndote en duelo con un argumento que yo jamás he sostenido.
Reducir la propuesta de la Logia-Escuela a la imposición de un pensamiento político único o a dictar consignas partidistas desde el Taller es caer en una falsa dicotomía: o el silencio absoluto sobre el mundo o el mitin profano. Y la Logia-Escuela no es ninguna de las dos cosas.
Me preguntas quién fija los principios. No los fijo yo, ni tú, ni siquiera el Taller: los fija la Proclamación de Le Droit Humain (12 de julio de 1900). El Artículo 1 de nuestra CI y la Proclamación de Le Droit Humain, a la que en ese artículo se hace referencia, no son opcionales para quienes asumimos los principios de nuestra Orden, esa Carta Patente de nuestra conciencia. En ellos se establece, de forma literal e inequívoca, el compromiso de la Orden con la Justicia Social, la Laicidad y la emancipación de la Humanidad. Esos no son dogmas religiosos ni partidistas; son los principios fundamentales que sustentan el marco ético de nuestra Masonería en particular.
La diferencia entre tu postura y la mía no radica en el respeto a la libertad de pensamiento, la cual defiendo tanto o más que tú. Radica en el método formativo. Tú sostienes que el masón debe acudir al Templo a aislarse del mundo para trabajar en sí mismo a través del símbolo, y que ya se las apañará fuera. Yo sostengo que la Logia es el laboratorio donde los masones, utilizando el método del libre examen y bajo el amparo de esos principios compartidos (Justicia Social, Derechos Humanos), analizamos los desafíos desgarradores de nuestro siglo para derribar nuestros propios prejuicios.
En la Logia-Escuela no se enseñan conclusiones; se aprende a analizar la realidad con rigor científico, laicidad y objetividad. Por lo tanto, no hace falta ningún «pensamiento político único» para sentarse frente a un Hermano que piensa distinto; lo que hace falta es el compromiso mutuo de pasar la realidad por el tamiz de nuestros principios constitucionales. Si debatir sobre la conculcación de los derechos humanos o el avance del dogmatismo en el siglo XXI convierte a la logia en un «foro político», entonces los fundadores de Le Droit Humain erraron el tiro, porque sus trabajos versaban precisamente sobre eso.
Por último, sobre tu invitación a buscar otra opción a quienes no compartimos tu visión puramente intimista del rito, me temo que la historia de nuestra Orden te contradice. Le Droit Humain nació precisamente como una hermosa insumisión contra quienes patrimonializaban la Masonería y expulsaban de ella la vanguardia social y el progreso humano. No somos nosotros quienes estamos en el lugar equivocado; somos los herederos de una corriente masónica que entiende que el delantal es ropa de trabajo, y que el progreso de la humanidad se construye abriendo las ventanas del templo al mundo profano.
Te agradezco profundamente este debate, que creo que ilustra a la perfección las dos almas que conviven, mal que bien, en nuestra institución y te ruego que, respetando precisamente el ritual sobre como debe circular la palabra, demos por finalizada esta construcción a dos.
Un muy fraternal saludo.
Qdas y qdos lectores… Un texto un tanto agresivo a mi parecer en cierta perspectiva en el que hace sentencia de su forma o manera de ver la masoneria… quizás el autor- escritor hace una visión propia de lo que el vive o como la percibe, no teniendo que ser esta la real….
En primer lugar, el símbolo es el medio por el que tenemos la capacidad de analizar y poder mejorar uno mismo (pulir la piedra bruta) y con ello poder cambiar tu entorno (partiendo de la mejora de uno)… y a traves de tu entorno buscar un cambio mayor…
Me resulta difícil que un masón utilice frases y palabras como «dar una batalla ideológica que no puede espera»
¿Batalla? si hemos de buscar concordia y punto de encuentro… no de batallar… toda batalla siempre deja más negativo que positivo en la humanidad….
Así como otras referencias que hace de «abrir brecha…»
Creo que este vocablo dispersan al lector sobre la filosofía real masonica que trata de reunir lo disperso, y a mi parecer percibo que aleja más que unir…
Y en referencia a: «El método masónico es una herramienta pedagógica extraordinaria, pero corre el peligro de convertirse en su propio veneno cuando se desvirtúa.» Para mi se desvirtúa cuando no se cumple con el ritual… cuando no cumple con reglamentos, constitución… porque esto sólo te aleja de no continuar los aprendizajes y enseñanzas y hace que se desvirtúe el mensaje, y hace que parezca otro tipo de institución mas que masoneria…
La masoneria en caso de ser escuela, la definiría como escuela humanista con diferentes maneras y herramientas en las que cada uno utilizará en función a sus necesidades…
Quiero recordar que no somos un sindicato, ni un partido político ni nada… la masoneria nos da un método por el que desarrollarnos y buscar una mejora personal y en consecuencia de progreso a tu alrededor.
Por finalizar me gustaría hacer llegar lala siguiente reflexión del MIH Marc Grosjean Gran Maestre de Honor de la Orden y que fue MPSGC de la OMMIDH:
» Difundamos en el momento oportuno nuestras ideas en el mundo profano, pero evitemos sobre todo que los métodos profanos sustituyan en nuestros trabajos a los métodos específicos de la francmasoneria y a los de nuestra orden en particular»
Un saludo.
Estimado/a lector/a:
Muchas gracias por tu aportación y por invitar a la reflexión a través de las palabras del siempre recordado Marc Grosjean. Su advertencia sobre evitar que los métodos profanos sustituyan a los masónicos es una brújula excelente que comparto plenamente.
Comprendo perfectamente que términos como «batalla» o «abrir brecha» puedan sonar inicialmente estridentes o agresivos en un entorno que busca la concordia. Sin embargo, no los empleo en un sentido bélico o de confrontación personal, sino en su acepción puramente intelectual y dialéctica. La historia del pensamiento avanza abriendo brechas en el dogma y dando batallas culturales contra la ignorancia y el prejuicio. Nuestra propia Carta Patente y la historia de Le Droit Humain son hijas de una hermosa e indispensable insumisión frente al inmovilismo de su época.
Cuando hablas de que la desvirtuación de la Masonería ocurre cuando no se cumple el ritual o los reglamentos, tocas un punto clave. El rigor formal es necesario, pero la forma sin espíritu deviene en cáscara vacía. Para mí, la verdadera desvirtuación ocurre cuando el ritual se convierte en un bálsamo que nos aisla del sufrimiento y de los retos del mundo profano.
Coincido contigo: no somos un sindicato ni un partido. Somos una escuela humanista. Pero una escuela que no debate los problemas de su siglo corre el riesgo de convertirse en un museo. Precisamente para «reunir lo disperso» es necesario abrir las ventanas y dejar que el aire del siglo XXI entre en nuestros templos, invitándonos a ser agentes de progreso allá afuera.
Te agradezco de corazón que compartas tu visión, indispensable para mantener el equilibrio que nuestra Orden requiere.
Un afectuoso saludo.