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El análisis lógico de los seres humanos y sus interacciones puede llevarnos a conclusiones tan aterradoras como el biologismo hitleriano o el creacionismo norteamericano.

Y es que si observamos el mundo atendiendo únicamente a ciertos axiomas, las manipulaciones más extremas se adueñan de la razón humana. Desde un punto de vista biológico, si nos limitamos a considerar el sexo un simple medio para la perpetuidad de la especie, la homosexualidad podría llegar a considerarse una anomalía, un error opuesto a lo establecido por lo estrictamente anatómico. Esto es lo que se conoce como una falacia o sofisma, una razonamiento aparentemente correcto que obvia precisamente los enunciados que lo contradicen.
El axioma que falta en el razonamiento de la jerarquía católica es evidente:
La homosexualidad no es una enfermedad, es una opción* orientación sexual.
La conclusión correcta se obtiene con la totalidad de precedentes. En ausencia –y suele ser una ausencia provocada- de información objetiva engañamos al intelecto. ¿No pueden dejar de limitar nuestra percepción con moralismos absurdos? ¿No puede el ser humano liberarse finalmente de las pautas reveladas?
El conocimiento científico no contradice los derechos humanos, los complementa. No podemos presuponer enfermedades donde no las hay.
Verdad objetiva.
Quod erat demonstrandum.

* Leer el tercer comentario de este post, en el que Sinuhe habla sobre el término «opción».

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