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¿Es la Masonería una ciencia?

¿Es la Masonería una ciencia?, ¿es científica?, y si no lo es… ¿debe repudiarse como pseudociencia?

La Masonería se propugna como un método para ayudar a las personas a perfeccionarse como seres humanos y, a la vez, contribuir al Progreso de la Humanidad.

El método que utiliza se basa en el simbolismo, es decir, en la interpretación subjetiva del valor moral o espiritual de un determinado símbolo y su aplicación a su mejora personal o de la sociedad, asimismo utiliza el ritual como una forma de impactar el “subconsciente” de sus miembros, y conseguir que, durante las tenidas, estén “libres de metales” o influencias irracionales y emocionales, y puedan desarrollar mejor su raciocinio y su libre pensamiento, un pensamiento no sujeto a dogmas.

Otro aspecto muy importante en la masonería es el aspecto iniciático. En cada grado se dan, mediante unos rituales, una serie de “herramientas simbólicas” para que las utilice, no se facilita la enseñanza, sino que, pedagógicamente, y no muy de acuerdo con las teoría actuales, se intenta que sea el propio iniciado el que demuestre su interés y su deseo de pertenecer a la Orden y de avanzar en su perfeccionamiento como un método de que desarrolle su esfuerzo, su constancia y su tesón.

Todas estas máximas, pruebas, herramientas, afirmaciones no están verificadas por el método científico,¿eso quiere decir que sean falsas, repudiables o inútiles?

La ciencia actual se basa en la utilización de una potente herramienta, el método científico. Este método tiene una serie de pasos que podemos resumirr diciendo que busca ratificar una posible explicación, a la que llamaremos hipótesis, a una pregunta o un fenómeno, mediante una serie de pasos seriados, verificables y replicables.

En las ciencias experimentales podemos verificar nuestra explicación o nuestra afirmación realizando una serie de experimentos en los que nuestra explicación debe replantearse como una serie de resultados esperados y contrastables. Si intervienen poblaciones deberíamos seleccionar una muestra suficiente de la misma y hacerlo de forma aleatoria.

Por poner ejemplos, la existencia de los átomos o los electrones no se ha verificado “observándolos”, sino que la teoría de su existencia sirve para explicar una serie de fenómenos observados y no explicados hasta el momento, sobre esta base teórica se realizan una serie de hipótesis o “predicciones” sobre la ocurrencia o no de determinados fenómenos que prueben la teoría, se realizan estos experimentos y si las previsiones son verificadas, podemos afirmar que el átomo o el electrón deben existir mientras no se encuentre otra teoría que expliquen los fenómenos observados.

En poblaciones, para poder afirmar o no que el sexo de las personas influye o no en la potencia de un medicamento, se aplica dicho tratamiento de forma correcta a una población suficiente, seleccionada aleatoriamente y se verifica si el efecto que se produce es o no distinto. Las complejidades estadísticas hacen que en muchos casos se utilice la no verificación de la “hipótesis nula” que quiere decir que lo que se hace es plantear una hipótesis “No hay diferencia” y si no se consigue demostrar, es decir, si no hay evidencia de esta ausencia de diferencia, se plantea que es muy probable que sí la haya.

Otro elemento fundamental en el método científico es la replicación, es decir, que el experimento se pueda repetir y verificar de nuevo, esto hace que sea de difícil aplicación a fenómenos históricos, políticos, sociológicos, e incluso psicológicos.

Esto plantea una serie de limites, por ahora, a las ciencias humanas. Principios éticos impedirían que a determinados sujetos o países se les pudiera aplicar determinados experimentos (además deberían ser seleccionados aleatoriamente) o dejar de aplicar determinados tratamientos para verificar su idoneidad.

En estas ciencias, además se necesita un grupo experimental y otro al que se llama “control” al que no se le aplica el tratamiento para poder afirmar que el efecto terapéutico no se debe a otras causas, entre ellas al efecto llamado placebo que supone que el creer firmemente una persona en que un determinado tratamiento tiene un efecto curativo, y se pueda producir ese efecto mediante “sugestión”, ni que decir tiene que es efecto placebo no se ha demostrado científicamente ni se han visto sus mecanismo, es solo una teoría explicativa no científica, es decir, no verificada por el método científico.

Muchas de las teorías que llamamos científicas comparten esta característica, son explicaciones hacia atrás, que intentan aclarar fenómenos pasados y que no se pueden experimentar, ni replicar.

Entre ellas la teoría de la evolución de Darwin, basada en las mutaciones y en la supervivencia del más fuerte, no tiene ninguna evidencia científica, lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que sea falsa, simplemente no se ha podido demostrar, lo mismo sucede con la teoría de la relatividad, ambas explican una serie de fenómenos mediante una explicación “convincente” por los modelos culturales de la época.

Esto último es importante, y entra de lleno en la teoría (tampoco verificada científicamente) de los paradigmas de Kuhn, que dio a este concepto su significado actual, el conjunto de prácticas que definen una disciplina científica durante un período específico de tiempo, definiéndolo como aquel modelo que hace que, en una determinada época, los científicos seleccionen:

  • lo que se debe observar y escrutar y aquello que no.
  • el tipo de interrogantes que se supone hay que formular para hallar respuestas en relación al objetivo
  • cómo deben estructurarse estas interrogantes, y el tipo de hipótesis explicativa
  • cómo deben interpretarse los resultados de la investigación científica.

Por ejemplo, la teoría Darwinista de la evolución no es separable, según esta teoría de los paradigmas, de la noción capitalista e imperialista de la sociedad británica donde nació, ya que incide en la explicación genética de los mecanismos de aparición de diferencias, y no da ninguna importancia al ambiente, como hacía el lamarckismo, la otra teoría explicativa de la evolución, esto unido a la supervivencia del más fuerte, era muy compatible con la explicación clasista y racista de la sociedad británica de la época, que no responsabilizaban al ambiente, a la educación o las condiciones sociales de la pobreza de las clases bajas, sino a sus genes, y daba carácter “científico” a la explotación del débil o a su eliminación mediante el colonialismo y a técnicas eugenésicas.

La explicación de que por mutaciones al “azar” un insecto adopte la forma de la hoja donde vive y sobreviva porque así no es comido por sus enemigos no solo no está demostrada científicamente, sino que aplicando la teoría de Kuhn es pausible en una sociedad clasista y colonialista basada en la superioridad científica del hombre anglosajón, pero sería incomprensible y complicada en la sociedad católica españole del siglo XV, en la que parecería más simple, y por ello más científica, según la noción de la navaja de Ockham según el cual, «en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta», la explicación de que era así por que la Virgen había hecho un milagro.

Según la teoría de Kuhn un paradigma (por ejemplo la física tradicional o la explicación infecciosa de las enfermedades en la medicina) va explicando fenómenos hasta que empieza a fracasar en su aclaración de otros fenómenos que van surgiendo, cuando llega un momento en que se acumulan muchos fracasos explicativos, la teoría antigua se derrumba y surge una nueva teoría explicativa (la física cuántica o la explicación genética en la medicina). La ciencia no avanzaría de forma continua, sino a saltos y esos saltos y muchas explicaciones “geniales” se basarían en buscar hipótesis más allá de lo conocido hasta ahora, mediante intuiciones alejadas de las teorías científicas de la época

En la psicología clínica, para poder aplicar el método científico, se ha desarrollado mucho el método del caso, que aún presenta amplias dificultades metodológicas, entre ellas el subjetivismo o teoría placebo o teoría de la autoeficacia. En estos momentos no existe una clasificación de problemas suficientemente exacta para poder decir que a todos los individuos con el mismo problema, se aplica el mismo tratamiento, además es imposible que dos terapeutas apliquen los mismos métodos, e incluso un mismo terapeuta, en cada momento puede variar, el efecto que produce en cada sujeto es distinto…

Eso lleva a que muchos terapeutas apliquen el viejo principio clínico aún muy utilizado en medicina de que a cada individuo se le aplica lo que la ciencia y tu “propia experiencia” te hace saber que es adecuado, ya que cada persona es distinta.

En las ciencias sociológicas, organizativas, industriales, etc se ha intentado aplicar el método científico mediante metodologías como la investigación acción, de Kurt Lewin, o los círculos de calidad, basados en los círculos PDCA de Deming (planifica, actúa, verifica si se ha conseguido lo que querías y rectifica).

Como vemos el método científico, importantísimo y crucial, aún presenta algunas limitaciones que está consiguiendo disminuir.

Otros campos como la filosofía parecen desterrados por el método científico, pero muchos piensan que la ciencia describe cómo se producen los fenómenos, como se formó el universo, o como se forma un embrión, o los mecanismos de atracción y repulsión de partículas, pero no explican qué es el universo, o qué es la vida o qué es esta “sustancia” que la forma o porqué existe y cuales son sus límites y como puede tener esas leyes y propiedades tan extraordinarias.

Otras preguntas tienen que ver también con ese aspecto filosófico, es decir, si esas partículas organizadas de determinado modo en nuestro cerebro pueden tener creatividad, pensamiento, conciencia de si mismo… implica que esas propiedades están en esas partículas?

Hay personas que consideran que la ciencia y la creencia en dios son antagónicas y, desde luego, desde un punto de vista en el que dios es el ser externo que hace que se mueva el sol o que crezcan las plantas… la ciencia le quita protagonismo y existencia, pero desde otras concepciones, las explicaciones de la ciencia no hacen sino acrecentar las maravillas de las leyes que forman la arquitectura del universo en una concepción de dios como esencia última de las cosas (el espíritu del universo de ciertas concepciones islámicas o de algunas tribus).

La ciencia derriba mitos divinos como explicación de efector de las causas, al igual que las explicaciones dadas por algunos ateos referente al “azar” como hacedor último es derribada por la ciencia que cada vez elimina más elementos al azar, el último la teoría del caos que permite formular modelos matemáticos a fenómenos que antes solo se explicaban por el azar, el ateismo y el deísmo tiene el mismo componente científico.

Lo que está claro es que las cosas existen o no, antes e independientemente de que se haya o no dado una explicación científica al hecho. La gravedad, la electricidad, etc existían antes de tener una explicación y poder por tanto ser manejadas por nosotros.

Y así, ¿cual es la aplicación de la ciencia a la vida cotidiana?, pues depende, en muchos casos es crucial pero en otros…por ejemplo, saber que los objetos no son como los vemos, que todo está hecho de las mismas partículas, que la materia no existe… ¿tiene utilidad?

La música, el arte, las sensaciones de belleza, de éxtasis, ¿son útiles?, más allá de sus explicaciones científicas… ¿nos sirven?

Los consejos, la amistad, el amor, el humanismo, ¿son útiles?, ¿nos sirven para ser más felices y sentirnos más útiles?

Tal vez la masonerías sea más un arte, entendido como decía Erich Fromm: mezcla de vocación y hábil dedicación y entrenamiento, que una ciencia.

Lo importante es si nos es o no útil, si contribuye en nosotros a sentirnos mejores y más encajadas nuestras piezas dentro de nosotros mismos y nosotros y todos dentro del edificio social que queremos construir.

Desde un fanatismo cientificista (que no científico) la masonería, con sus métodos no experimentales ni sujetos al método científico, sus rituales, sus simbolismos y expresiones, debería ser borrada de la faz de la tierra, y es que todos los que se creen en posesión de la verdad, cual darwinianos, desprecian o (en el mejor de los casos) sienten compasión por sus congéneres extraviados y se afanan con todos los métodos (incluidos los violentos) por corregirlos

Tal vez por ello la masonería ha hecho tanto énfasis en el relativismo y la tolerancia y la ha hecho tan vilipendiada por los poseedores de la verdad sean estos la jerarquía católica, el fanatismo islamista, los estalinistas y los nazis.

Dudemos de nuestra propia duda y que esa duda no nos impida disfrutar de una buena música, una buena compañía, de un amanecer, un cuadro, del amor y de trabajar para nuestra mejora y el progreso de la Humanidad

He dicho

Juan de Mairena (s)

6 thoughts on “¿Es la Masonería una ciencia?

  1. bueno mi teoria de los hechos en favor de la humanidad t voy a dar mi ejemplo vivido m tire de enemigo yo solo a toda una organizacion narco,sin importarme nada solo el bien de mi barrio de mis seres queridos el fin el respeto hacia mis seres queridos y a mi prole,ojo por el bien de mi barrio,auto-sacrificio sin esperar nada a cambio,hoy mi nombre en mi barrio es respetado,a y sin miedo a nada solo a mi abba yahweh,shaloon,libertad igualdad y fraternidad.

  2. QH. Sabía desde hace algunos días que ibas a contribuir a este debate y encantado leo el resultado. No obstante, me gustaría comentar algunas cosas por una sencilla cuestión de rigor. No sin antes, por supuesto, agradecerte un texto que por lo demás es agradable de leer.

    El primer problema que veo, y perdona y corrígeme si me equivoco, es que se está cometiendo desde el principio lo que se conoce como una falacia de “hombre de paja”. Esto es, que se está refutando una tesis que yo creo que nadie ha afirmado. Que yo sepa ni RF ni Papaguena ni yo ni nadie de la entrada anterior hemos dicho que lo que no se someta al método científico es mentira o es poco interesante. Sería una estupidez gigantesca. No quisiera poner palabras en su boca, de modo que sólo hablaré de lo que opino yo al respecto, pero estoy bastante convencido de que lo que quieren decir se parece más a lo que voy a exponer más adelante que a lo que discutes, acertadamente por cierto, en tu texto.

    No quisiera meterme en ese tema, no obstante, sin antes comentar lo que creo que es un problema de falta de actualización de tus fuentes. Hay un punto en que dices que las partículas subatómicas (entiendo que te refieres al modelo supersimétrico, aunque haya muchos más) son una mera suposición plausible y que no puede ser observada directamente. En realidad tal cosa no es cierta. Las distintas partículas dejan trazas perfectamente identificables en detectores de niebla, de detección por rejilla o de semiconductor, que son tanto o más “directas” que observar visualmente el Gernica de Picaso y afirmar que existe porque lo ves delante tuyo. Por si tal cosa no valiera, en cualquier caso, lo que si se ha visto directamente son los átomos, utilizando sin ir más lejos microscopios de fuerza atómica como

    http://www.cgl.ucsf.edu/chimera/ImageGallery/entries/afm/stmv-afm-large.png
    http://www.physik.uni-augsburg.de/exp6/imagegallery/afmimages/afm-image-graphite.jpg
    http://www.iap.tuwien.ac.at/www/opt/images/afm_surface.png

    Por poner algunos ejemplos. Adicionalmente mencionas que la teoría de Darwin es otro ejemplo de teoría no verificable experimentalmente. La teoría de Darwin probablemente no sea verificable, efectivamente, y de hecho no la utiliza nadie hoy día. Lo que se utiliza y enseña en las facultades modernas es una versión de la teoría neodarwinista, la cual se sustenta sobre bases biomoleculares inexistentes en tiempos de Darwin, y añade cuestiones que no estaban en el modelo original, como la evolución escalonada. Dicha teoría neodarwinista si que tiene conclusiones verificables, como la forma de propagación y transmisión de marcadores moleculares en distintas poblaciones, y de hecho hoy día se considera probada experimentalmente debido a los datos aportados por los distintos genomas modernos de especies, que prueban (no sólo sugieren como en la teoría original) la existencia de ancestros comunes.

    El neodarwinismo es científico, en cualquier caso, no porque sus “partes” sean observables o no. Lo que hace a algo científico es su falsabilidad. Esto es, una observación que de ocurrir anularía la teoría. Por ejemplo, la afirmación de que todos los electrones del universo tienen exactamente la misma carga y la misma masa en reposo es científica, ya que bastaría encontrar un electrón con carga o masa en reposo distinta para demostrar la falsedad de la teoría. Decir que dios existe, por otro lado, no es una afirmación científica, ya que no hay ninguna evidencia posible que pruebe necesariamente que dios no exista. Como mucho, puede hacer implausibles ciertas cualidades concretas de ciertas interpretaciones concretas de la divinidad.

    Y en este sentido, sin ánimo de extenderme, el darwinismo es científico, ya que hace predicciones como la no confluencia de lineas evolutivas. Si se observara que dos especies distintas convergen a una solo grupo genética y gaméticamente compatible eso probaría la falsedad del darwinismo. Por tanto, incluso en sus versiones “primitivas” el modelo darwiniano de la evolución es una afirmación científica. El creacionismo, por contra, no lo es, ya que no hay una observación que potencialmente pudiera probar la falsedad de su afirmación.

    Pero volviendo al tema original, yo creo que nadie ha dicho que las cosas o son científicas o no interesan. La propia masonería no es científica per se, ni lo es el método simbólico-iniciático que le es esencial. Ni falta que hace, añado. Muchas de las cosas importantes de la vida no son científicas, ni siquiera probablemente racionales. No es más objetivamente racional preferir las películas de Star Trek a las del oeste. O querer a tal o cual persona.

    Ni siquiera nadie ha dicho, que yo sepa, que el simbolismo e incluso los esoterismos como símbolo sean malos. La alquimia, la cábala, la numerología, la geometría sagrada… Son cosas que forman parte del corpus simbólico original de la francmasonería, aunque sea por una razón histórica, y de hecho yo soy el primero que recurre a sus símbolos numerosas veces. Pero como símbolo.

    El problema viene, a mi entender, cuando se utiliza, digamos por poner un ejemplo la astrología, no como una metáfora simbólica para transmitir una idea, sino como una explicación objetiva de alguna cuestión. Hay una diferencia entre opinión y afirmación factual. Por ejemplo, si yo digo que “la gente espiritual vive más equilibrada y más armoniosa” estoy haciendo una afirmación esencialmente de opinión, basada en realidad en una experiencia personal y un juicio de valor. Y que será más o menos válida en cuanto a opinión, pero que no enuncia un hecho. Pero si digo “las células en realidad tienen consciencia y sentimientos y se comunican entre ellas con formas de luz y energía positiva” eso es una afirmación factual. Porque estoy enunciando un hecho concreto falsable, no una opinión. Y los hechos tienen dos problemas. Uno es que no son opinables. Que los coches tienen 4 ruedas es un hecho. Que tal puerta es blanca y no verde es un hecho. Y no es opinable. Es discutible, por supuesto, si uno tiene información que invalida una afirmación factual, pero pertenece al dominio de la verificación factual, no al contraste de opiniones, y por tanto está en un campo distinto dentro de la retórica. El segundo problema es que una opinión puede no ser cierta ni falsa, sino que su veracidad depende de la sintonía con los valores personales del oyente. Pero las afirmaciones lógicamente coherentes (en el sentido Gödeliano) sobre hechos son ciertas o falsas. Punto. No hay término medio en la verdad de una afirmación factual, ni existen distintos puntos de vista. Existen, por supuesto, afirmaciones mal construidas. Por ejemplo, la afirmación “los electrones saben a mandarina” no es ni cierta ni falsa, porque es semanticamente absurda al no tener sabor los electrones.

    Adicionalmente a esta problemática hay una serie de escuelas mal llamadas esotéricas (cuando no lo son dado el esfuerzo publicitario que ejercen y que las meten más bien dentro del exoterismo), y que tratan de colar como equivalentes de la astrología, alquimia, etcétera, como podrían ser la homeoterapia, la quiropraxis, la meditación trascendental, las flores de Bach… y demás cosas que, sin ánimo de entrar al fregado de si son verdaderas o no, ni son antiguas ni son parte original de la francmasonería. Si bien son cuestiones que no son mas ni menos respetables en cuanto a creencias personales, muchos creemos que existe un esfuerzo concreto de hacerlas pasar por material simbólico en los talleres, cosa que a mi al menos me parece formalmente incorrecto, como lo sería una plancha sobre homomorfismos afines, sobre la catálisis de hidrocarburos, o sobre las peculiaridades del gorgojo.

    Lo que quiero decir es que convendría distinguir en general, y en el trabajo en taller en particular, lo que es una opinión y lo que es un hecho. En mi opinión al menos. Sobre todo, no querer hacer pasar por hechos cosas que no son más que opiniones. Y convendría, en mi opinión, una actitud más epistemológica en el sentido de que se sea consciente de que se puede discutir sobre hechos sin mayor infracción de la fraternidad más que la que pueda haber en la forma de expresión. Eso desde luego, las formas siempre deben ser correctas. Pero creo que en un lugar que se dice estar al servicio de la razón y ser una reunión de librepensadores, cuando el librepensamiento es precisamente el uso de la razón sin dogmas ni límites, ningún hecho debería estar libre de comentario o corrección. Tal cosa no es fraternidad sino condescendencia.

    Reitero, no obstante, que esto no quiere decir por mi parte ni por la de nadie que yo conozca la absurda idea de que sólo se puede hablar de hechos o de ciencia en tenida. Sobre todo porque tal cosa podría ser muchas cosas, pero desde luego no masonería, y para hacer eso me apunto a un master de la UCM. Pero lo que si que creo que algunos pedimos es que no quieran colarnos churras por merinas, hechos por opiniones, ni que se ponga límite al debate racional, franco y sobre todo fraternal.

    He dicho. Prometheo.

  3. QH, voy a ser breve y sintético, así que perdonad la forma y el lenguaje de esta.

    He de decir que yo también, desde hace algunos años, estoy intentando responder a esa pregunta.

    Lo que si tengo claro, es que desde los métodos de las ciencias físicas o naturales, y mucho menos desde las ciencias exactas, voy a encontrar respuestas, pues si de una forma de ciencia se tratara la masonería, esta por sus objetos de estudio, no pasan por lo cuantificable. Estamos pues ante una posibilidad de certeza desde las ciencias cualitativas, desde un marco de referencia que me situara ante estas ciencias cualitativas.

    Teoréticamente parto de dos premisas:
    Premisa 1. Teoría débil. Acercamiento epistemológico:
    “Todo esfuerzo intelectual, sea auténtico o sea falso, posee una filosofía subyacente y, en concreto, una ontología (una teoría sobre el ser y el devenir) y una gnoseología (una teoría del conocimiento)” (Mario Bunge)

    Premisa 2. Teoría fuerte. Acercamiento desde el concepto de paradigma:
    “Considero a los paradigmas como realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica” (Kunt). Es decir, los paradigmas son, por tanto, un marco o perspectiva bajo la cual se analizan los problemas propios u objetos propios de conocimiento y se trata de resolverlos.
    Caracterizando este paradigma (si existe) según la manera en que “sus representantes” (en nuestro caso los francmasones/as) responden a tres preguntas: una pregunta ontológica (¿Cuál es la naturaleza de lo conocible o cuál es la naturaleza de la realidad?), una pregunta epistemológica (¿cuál es la naturaleza de la relación entre el que conoce –francmasón/a y lo conocible o susceptible de ser conocido?) y una metodológica (¿Cómo deberá el francmasón/a proceder en la búsqueda del conocimiento?) (Guba – 1990).

    Siendo sincero, hasta ahora, muy pocos francmasones/as han sabido responder, tras una transformación de estas preguntas para hacerlas comprensibles a todos/as, a ninguna de estas preguntas, evidenciando una, creo yo, falta de formación masónica, aunque y sin he encontrado mucha instrucción de “catecismo masónico”.

    De todas formas, el primer acercamiento a los datos conseguidos, me han llevado a inferir que en la masonería hay más de “religión” que de ciencia, no tiene ni las características propias de las “pseudociencias” (que tienen filosofías subyacentes y métodos propios). Aunque quizás el motivo de esta conclusión sea la falta de competencia de este que os escribe. No me resigno, seguiremos intentándolo.

    Resumiendo a través de Bunge: “dígame qué filosofía es la que utiliza (no la que profesa) y le diré lo que vale su ciencia. Y dígame qué ciencia es al que usa (no con la que dice estar de acuerdo) y le diré lo que vale su filosofía.”

    He dicho
    Anselmo Lorenzo.
    Desde un Taller del GOdF

  4. Muy interesante nota, especialmente el inicio. Luego, lo confieso, me he perdido en esa amplia exposición del método científico que no acabo de entender bien. Será porque algunas de las explicaciones me parecen inexactas; como por ejemplo, la referencia al efecto placebo o a que la teoría de Darwin “no tiene ninguna evidencia científica”. Confío en que esta opinión distinta a la del autor de la nota no me convierta a sus ojos en un fanático darwiniano, ni mucho menos en un violento nazi o católico.
    Pero bueno, como esta no es una nota -ni mi comentario- sobre ciencia y método científico, sino sobre masonería, pues lo que decía: muy interesante el inicio de la nota. Me quedo con eso. Ricardo.

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