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Maria Deraismes decía en 1876:

De todos los enemigos de la mujer los principales son aquellos que pretenden que la mujer sea un ángel. Aquellos que dicen  que la mujer es un ángel la obligan, de una manera sentimental y admirativa, a todos los deberes y se reservan, para sí mismos, todos los derechos. Esta trampa consiste en dar a entender que su especialidad ha de ser pasar desapercibida, resignarse, sacrificarse; significa que la mayor gloria, que la mayor felicidad de la mujer es inmolarse por aquellos que ama (…) Es decir, que al absolutismo responderá con sumisión, a la brutalidad con dulzura, a la indiferencia con ternura, a la inconstancia con fidelidad, al egoísmo con abnegación. Ante esta larga enumeración rechazo el honor de ser un ángel. No reconozco a nadie el derecho a  obligarme a ser ignorante y víctima.

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