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Federica Montseny Mañé

Federica Montseny Mañé, nace en Barcelona en 1905. Hija de anarquistas, recibe una educación familiar en la que la libertad personal, el poder de decisión y la elección de la forma de vida son el eje principal. Sus padres Juan Montseny (a. Federico Urales) y Teresa Mañé (a. Soledad Gustavo) desarrollaban una intensa actividad sindical y propagandista en los grupos libertarios de Barcelona a través de La Revista Blanca. La formación de Federica se hizo de la forma autodidacta que sus padres le facilitaron y con la constante lectura de obras libertarias y asistencia a las sesiones de discusión política y literaria en las que ellos participaban con frecuencia.

Juan Montseny con el seudónimo de Federico Urales era una de los escritores de teatro habituales en los círculos literarios del renacimiento cultural catalán de finales del XIX; y Teresa Mañé coordinaba la redacción de la revista de ideas libertarias que junto con su marido publicaba periódicamente. Completó su educación asistiendo como oyente a los cursos abiertos de la Universidad de Barcelona, siendo una de las primeras mujeres en hacerlo en España.

La asistencia a mítines, cuando el mitin político era pedagogía en directo -no lo que son ahora-, y manifestaciones formaron parte de la creación intelectual de la vida adolescente de Federica. Con apenas doce años ya acompañaba a sus padres en la actividad militante que no abandonó a ninguno en sus agitadas vidas. En el Café Español conoció a Salvador Seguí, el Noi del Sucre, líder sindicalista del momento, y a Luis Companys, más tarde presidente de la Generalitat. En un mitin por esos días oyó por primera vez a Ángel Pestaña. Todos ellos, cruciales personajes de la historia social y política de España, más tarde compartieron con Federica las convulsas luchas obreras y la trágica Guerra Civil.

A finales de 1920, con quince años, Federica Montseny escribió su primera novela, Peregrina de amor, que quemó poco después. Al poco tiempo comenzó la redacción de una obra sobre la Barcelona obrera: La tragedia del pueblo, que también mando al fuego. A los diecisiete años comenzaron sus colaboraciones en la prensa anarquista, utilizando (para no aprovechar la fama de su apellido) un seudónimo: Blanca Montsan. En 1923, con dieciocho años, ingresó en la C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo), la gran central sindical anarquista de la época, afiliándose en el sindicato de Oficios Varios de Sardañola. Fue en aquel tiempo cuando recibió la oferta de Ángel Pestaña, a la sazón director del periódico, de colaborar en Solidaridad Obrera, órgano decano de la prensa confederal. Federica tendría desde entonces a su cargo la sección de “Relieves sociales”.

Federica se incorporó asimismo al equipo director de la Revista Blanca, órgano teórico del anarquismo español que se publicó bimensualmente entre junio de 1923 y 1936 y en cuya primera época (1898-1905) habían colaborado con asiduidad Unamuno, Clarín, Baroja, Pérez Galdós o Pablo Iglesias. Allí se dio a conocer a través de sus muchos escritos y de los que publicó en otra cabecera anarquista -en este caso semanal-: El luchador. Periódico de sátira, crítica, doctrina y combate. Ambas publicaciones fueron las fuentes más importantes de divulgación de su pensamiento, vertido en unos seiscientos artículos.

Desde 1932 Federica Montseny comenzó a intervenir en diversas giras que, muy usuales en aquellos años, recorrían distintas zonas del país divulgando las ideas sindicalistas y revolucionarias. Participó en múltiples mítines, y sus discursos comenzaron pronto a recogerse en panfletos. En 1933 Federica dio a luz a su primera hija: Vida, fruto de la que sería una larga relación con el también militante anarquista Germinal Esgleas, con el que tuvo otros dos hijos: Germinal en 1938 y Blanca en 1942. Ello no supuso sin embargo su alejamiento del trabajo político ni del literario.

En este último campo, Federica Montseny escribió alrededor de cincuenta relatos para la Revista Blanca en dos series llamadas La Novela Ideal y La Novela Libre. Dos de estos relatos, La victoria y El hijo de Clara, abordaron el problema de la libertad femenina, asunto del que Federica Montseny se ocupó durante toda su vida. A estas obras siguió una tercera, La indomable, novela en buena medida autobiográfica, en la que, como en las anteriores, la autonomía de las mujeres y su derecho al libre albedrío configuraban las bases de la trama.

Miembro destacado de la F.A.I. (Federación Anarquista Ibérica), el ala más radical de la C.N.T., Federica Montseny mantuvo implacablemente un enfrentamiento dialéctico con sus compañeros del sector más moderado, conocido como “Treintistas” -por haber firmado el “Manifiesto de los Treinta”-, lo que la acercó a las posiciones de hombres como García Oliver, Ascaso, Durruti y otros, y la situó frente a dirigentes como Ángel Pestaña o Joan Peiró.

La crucial cuestión ética que tuvo que enfrentar la C.N.T. a los pocos meses de comenzar la Guerra Civil, durante el gobierno de Largo Caballero, que opuso sus principios anarquistas a la colaboración gubernamental a la que se vio abocada la organización, afectó profundamente a Federica Montseny. En efecto, de los cuatro ministros anarquistas que fueron nombrados como representantes de la C.N.T.-F.A.I., en el gobierno y que ocuparon las carteras de Justicia, Comercio, Industria y Sanidad; siendo este último el que ocupó Federica Montseny. Sus escrúpulos ideológicos y la presión a la que fue sometida por parte del sector más purista para que se negase a aceptar el cargo fueron difíciles de superar. A pesar de ello y de las serias divisiones que la decisión ocasionó en las filas libertarias, Federica -y los otros tres compañeros- aceptaron, considerando su intervención en el gobierno imprescindible para vertebrar la defensa frente al ejército rebelde.

Federica se convirtió así en la primera mujer en la historia de España en ocupar un cargo de esas características. Ostentó el puesto de ministra de Sanidad y Asistencia Social desde el 5 de noviembre de 1936 hasta el 17 de marzo de 1937. Si bien pocas reformas podían acometerse en el contexto turbulento de la guerra y en medio de las inacabables querellas interpartidistas dentro del gobierno, Federica promulgó desde su ministerio un decreto legalizando el aborto. Incorporó también a sus competencias la labor de atención a los refugiados y fundó los comedores para embarazadas.

Las charlas y las conferencias no dejaron de formar parte de su actividad. Algunas de éstas se publicaron posteriormente, entre ellas El anarquismo militante y la realidad española o La Comuna de París y la Revolución Española. Entre los ensayos escritos durante el período de la Guerra Civil cabe resaltar Los precursores: Anselmo Lorenzo, el hombre y la obra (1938).

El 26 de enero de 1939 toda la familia Montseny partió al exilio francés, huyendo del avance del ejército franquista. En junio de 1940 sufrirían un segundo éxodo: esta vez huían, junto a miles de franceses, de las tropas nazis. El exilio no supuso, no obstante, el fin de la militancia política de Federica Montseny, que se integró en el S.E.R.E. (Servicio de Evacuación de los Refugiados Españoles) y colaboró en el embarque de los refugiados en mayor peligro, con destino a América.

Durante los posteriores años de la ocupación nazi, un alias, Fanny Germain, sirvió a Federica de protección frente a la persecución de los alemanes, que no obstante la persiguieron hasta la “Francia Libre”. Detenida finalmente, el hecho de estar nuevamente esperando un hijo la libró de ser enviada a España, aunque pasó un tiempo en las cárceles francesas. En 1942 nació su tercera hija, Blanca. Tras la liberación de Francia por las tropas aliadas, en noviembre de 1944 la familia se instaló en Toulouse, donde Federica pudo reanudar su trabajo de reorganización del movimiento libertario de oposición al franquismo.

No fue sino con la restauración de la democracia en España en 1977, que pudo regresar. Durante su largo exilio viajó a Suecia, México, Canadá, Inglaterra e Italia, si bien fijó su residencia en Francia, prosiguiendo su actividad militante con múltiples conferencias. Durante este largo período no dejó de publicar: Mujeres en la cárcel (1949), Cien días de la vida de una mujer (1949), Heroínas (1964). El éxodo. Pasión y muerte de los españoles en el exilio (1969) y sus memorias Mis primeros cuarenta años (1987), cuando contaba ochenta años. Fundó asimismo, junto a su compañero Germinal Esgleas, el semanario L’Espoir. Falleció el 14 de enero de 1994, a los ochenta y ocho años en Toulouse.

Ricardo.

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