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Semilla y árbolAl escuchar algunos de los argumentos que se emplean contra el aborto parecería que las mujeres que se ven en la situación de tener que interrumpir su embarazo lo hacen en una especie de fiesta. Como si el verse en esa tesitura fuese una decisión intrascendente para ellas, por la que igual que abortan pudieran hacerse la cera.

Otra línea de descalificación de la decisión de la mujer es equiparar el aborto al asesinato o al holocausto en los campos de exterminio nazis.

Y ante este tipo de razonamientos, por llamarlos de alguna manera, la primera idea que nos acude a la cabeza es que el proponente quiere tomarnos el pelo. Cuesta creer que alguien con dos dedos de frente y un mínimo de inteligencia sea tan zafio como para usar aún estos argumentos. Pero es cierto, son los favoritos de cierto tipo de personas, entre los que la jerarquía de la Iglesia católica destaca.

En los últimos tiempos hemos visto campañas en vallas publicitarias de las asociaciones “pro vida” -¿de quién?- donde se equipara una mórula con un bebé y con los mismos derechos legales de protección que él, e incluso superiores a los que tiene la mujer. Se ha podido ver en el caso de la joven salvadoreña Beatriz o el de la dentista Savita Halappanavar, embaraza de 17 semanas, que falleció en el Hospital Universitario de Galway (Irlanda) porque los médicos se negaron a practicarle un aborto mientras el corazón del feto -inviable- latiese. Cuando intervinieron, cuatro días después, era demasiado tarde para esta mujer de 31 años. Murió de septicemia.

Ante estas situaciones, las mujeres o las niñas, como en el caso de la brasileña de 9 años, que tuvo recurrir al aborto tras la violación de su padrastro y cuya vida corría peligro por un embarazo gemelar, obtienen de la derecha más recalcitrante un desprecio por su vida que contrasta con la cerrada defensa que hacen de las aglomeraciones celulares.

¿De verdad alguna vez se han puesto en la piel de la mujer que se ve en la necesidad de abortar y sólo la dejan la vía del curandero en condiciones de inseguridad e insalubridad, mortales en demasiadas ocasiones? ¿Son capaces de imaginar el miedo y la angustia de una mujer en esa situación? Es imposible creer que se hayan podido poner en su piel. Sentir lo que sintieron.

Y como estas posiciones tan cerriles, que repugnan tanto a la fraternidad como a la inteligencia ha alejado, incluso, a muchos cristianos, y es de difícil defensa moral ante el dolor cierto de la mujer, es lo que estos ultramontanos han reinventado los argumentos: si no los pueden hacer éticos, los hacen “científicos”.

Así, abusando del prestigio que rodea a todo aquello que pueda calificarse de científico, dándole un sello de autoridad y certeza, se han lanzado a una ofensiva que, junto a la afirmación de que “tras la fecundación hay vida” -que nadie discute-, quieren colar de matute que esa “vida” es equiparable a la de un ser humano adulto. ¿Habrá que recordarles a estos jerarcas eclesiales lo que Aristóteles ya tenía claro hace 2.300 años de que una bellota no es un roble?

Pero si Aristóteles los deja en evidencia y ya no les sirve hoy, tiran de algunos científicos que anteponiendo creencia a evidencia, como César Nombela, miembro del Comité Español de Bioética y actual rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, retuercen el argumento biológico de la “humanidad” del embrión para dotarle del mismo grado de protección legal y de derechos que tiene el adulto. Lo que es una forma sesgada de limitar los derechos del adulto ante lo que es -o debería ser- un hecho vital libre: el deseo de ser madre o no. Y no digamos nada si ese deseo se ve alterado por una enfermedad grave sobrevenida en la embarazada, malformación fetal, violación o circunstancias sociales absolutamente incompatibles con la voluntad primera de tener un hijo.

Otro científico, como el catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá de Henares Nicolás Jouve, no tiene muchos miramientos a la hora de afirmar en el canal de TV Intereconomía “hay fábricas de refrescos que utilizan fetos de bebés abortados para endulzar sus productos”. Pasando así de la “verdad científica” a la teoría de la conspiración proabortista tan del gusto de algunos sectores y del obispo de Alcalá de Henares monseñor Reig Plà, que, también en Intereconomía, denunciaba la conspiración internacional que busca reducir drásticamente la población, y cuyos promotores serían la ONU, la UNESCO, el Banco Mundial, la Federación Internacional de Planificación Familiar o el Parlamento Europeo con la connivencia de gobiernos, partidos y sindicatos.

Jouve, que mentía a sabiendas, pues en un científico de su nivel cuesta creer que no conoce el origen de ese bulo sobre “las compañías de refrescos”, anteponía su creencia cristiana, perfectamente legítima, a la verdad científica y se suma desde su cátedra a la confusión entre lo demostrable y lo opinable.

 Y como en esta búsqueda de “prestigio científico”, los “antiabortistas” no querían dejar ningún palo sin tocar, sumaron el trastorno psicológico como efecto secundario a las mujeres que abortasen –sin negar que haya casos en que esto sea cierto-.

Así, Natalia López Moratalla, profesora de bioquímica de la Universidad de Navarra, recoge un artículo en la revista Cuadernos de Bioética (editada por la Asociación Española de Bioética que preside ella misma) que “las mujeres que se habían sometido a un aborto […] tienen un 81% más de riesgo de problemas de salud mental”. Se hacía eco de un estudio de P. Coleman publicado en el British Journal of Psychiatry y que fue duramente criticado por la Asociación Estadounidense de Psicología por su mal planteamiento metodológico y conclusiones sin fundamento.

Por finalizar, el aborto -la interrupción voluntaria del embarazo- no es una cuestión de ciencia ni de inconsciencia de la mujer, o una conspiración, sino que es la necesidad ante la que se ve abocada una mujer cuando lo que para ella era una ilusión se troca en un desastre personal; o cuando tras una violación se vive como una doble carga: la de la agresión y la del embarazo. Es entonces cuando lo único que los poderes públicos pueden y deben hacer es facilitar al adulto, al sujeto cierto y vivo de pleno derecho aquí y ahora -a la mujer- las mejores condiciones sanitarias y sociales para interrumpir lo que no es un embarazo deseado sino una grave alteración de su vida.

Aquí no valen argumentos científicos -que no los hay-, ni imposiciones ideológicas. Lo único que vale hoy es lo mismo que valía ayer: si la mujer pare, la mujer decide.

Negarles a las mujeres el derecho a decidir sobre su cuerpo es atentar contra la libertad de la mitad de la humanidad, es negarles ser dueñas de su intimidad, de sus deseos y a tener el control de su vida. En definitiva, a ejercer como ciudadanas con plenos derechos.

Hemos dicho.
Sonia y Ricardo

 

Sobre este mismo tema en agosto de 2012 se publicaba «Por cada embarazo no deseado: un hombre cómplice«

18 Comentarios

  1. Queridos Hermanos: Interesante y muy valedero lo propuesto, creo, sin embargo, que la facilidad para llegar a hacer uso de este recurso como una alternativa de vida y no de muerte, como lo entiendo y no dudo que es vuestra mirada, es muy importante el procedimiento de decisión para que este se lleve a cavo y así evitar abusos a lo es tan proclive el ser humano.

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    • ¿Hay mayor abuso que imponer a una mujer la maternidad cuando no la desea?

      TAF. Ricardo.

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      • Si se le impone la maternidad o no a una mujer es tema de discusión. Muchas lo desean. El abusto puede darse por parte de ideologías o aparatos gubernamentales para llevar a cabo planes de eugenesia o misóginos como ocurre en la India, China o Pakistán, donde sistemáticamente se aborta a la mitad de la humanidad, porque la legislación no permite que la mujer tenga derechos de herencia patrimonial. Creo que el tema merece respeto y bastante estudio.

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        • Estimada Beatriz, La maternidad se impone cuando se le prohíbe a la mujer que decida si desea o no ser madre. Los abusos se dan cuando se impide la información sexual y la anticoncepción en la educación básica y en el sistema de salud, y ante los embarazos no deseados la única opción que se ofrece es… ¡ninguna!

          Si ha leído el artículo, verá que este está referido a la argumentación de los autodenominados «provida» respecto a los argumentos que utilizan para descalificar a los defensores de la opción de que sea la mujer, principal sujeto afectado en esta situación, la que decida; argumentos falaces en lo ético y directamente falsos en lo biológico o psicológico, por lo que traer aquí la situación de la mujer y las políticas misóginas de países tan distintos en regímenes políticos e historia de la natalidad como India, China o Pakistán es dar un triple salto mortal argumental que no sé qué quiere demostrar ante lo expuesto en el artículo.

          Por otro lado, ¿qué le hace suponer que el tema no se ha tratado con respeto y conocimiento?

          Atentamente, Ricardo Fernández.

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          • Estimado Ricardo:

            Si revisa las estadísticas españolas -muy similares a otros países europeos, USA, etc.-, de los alrededor de 100 mil abortos del pasado año, una mínima (minúscula) fracción son debidos a cuestiones de salud como el riesgo para la madre o violaciones o embarazos en menores o adolescentes. No tiene más que irse al portal del Ministerio de Sanidad para comprobarlo. Es decir, se está justificando una medida de adopción genérica por casos absolutamente puntuales -la inmensa mayoría de mujeres no son violadas, ni sus hijos vienen con enfermedades incompatibles con la vida de la madre-.
            Desde luego la mujer tiene derecho a decidir ser madre o no. Eso no es discutible. Tampoco creo discutible que un embrión -no digamos ya el bebé de 4 o 6 meses de formación- sea un ser humano, es decir, perteneciente a la misma especie que usted y yo. Eso, tampoco tiene discusión posible -espero que no haya dudas en esto, porque está más que demostrado desde el punto de vista genético-. ¿Dónde está la manipulación en esto? En biología se hacen análisis genéticos para confirmar la identidad de las especies. Si se hace un análisis genético a un embrión o al aún no-nacido de 4 meses, saldrá que es humano.

            La mujer tiene derecho a no ser madre, claro que sí, pero, como en otros ámbitos de la vida, el derecho de alguien no puede primar sobre el derecho de otro -menor, adulto, nacido o por nacer-. La mujer tiene derecho a decidir si es madre, pero el error está en considerar que ‘es madre’ solo cuando nace el ser, cuando traspasa la cuna de su cuerpo. No. Es madre desde el momento en que ya existe ese ser, desde la la concepción, porque en su interior alimenta a un ser humano. El ejemplo de Aristóteles tal y como lo plantea sí es incorrecto. Está mal planteado. Este problema que expone Aristóteles lo hace en su estudio sobre la causa formal. La bellota no es el roble, sino que el roble -como individuo- está en la bellota y esta cambiará de forma porque existe una ley natural que regula el cambio de forma y su expresión. Ès decir, la bellota podrá germinar o no, llegar a ser roble joven o adulto o no, podrá dar a su vez bellotas o no. Pero está en él. Es el problema clásico del hecho y la potencia. Es más, de hecho, lo que Artistóteles dice es que ‘el propósito intrínseco, natural, de la bellota es convertirse en roble’. Pero aclaro más, si por roble usted no se está refiriendo al árbol como individuo y se refiere a él como especie, con más claridad aún puede verse la respuesta desde la genética: el no nacido es un humano.

            Esto no tiene nada que ver con ‘jerarcas’ ni otras historias morales. Es una cuestión de otra índole y que podemos entender perfectamente incluso desde la negación de la existencia de Dios. Es una cuestión de respeto a la dignidad y al derecho a vivir y ‘seguir su vida’ de quien no puede manifestarse -el no nacido-.

            Efectivamente, si alguien quiere indagar, no tiene más que pasarse unos cuantos días buceando en los documentos del Dpt. de Población y Asuntos sociales de la ONU, publicados en su portal, en indagar en cómo se produjeron las reuniones previas a la creación de este Dpto. tras la II Guerra Mundial, y en los documentos que lo inspiran, mirar lo que dicen los primeros movimientos de la eugenesia, el maltusianismo y el neomaltusianismo, quiénes han sido los economistas que lo han expuesto y defendido y, más recientemente, analizar las teorías de una serie de economistas herederos de estas teorías, como Sachs -precisamente, asesor del Vaticano desde hace unos años y amigo íntimo y consejero de G. Soros, conocido pro-abortista-, y multimillonarios como los Rockefeller o los Turner para saber que el tema de la reducción de la población mundial está planteado como uno de los Objetivos del Milenio. De hecho, en el anuario de 2009 la ONU ya lo expresa abiertamente aunque hay muchísimos más documentos, todos públicos.

            Sobre los anticonceptivos, nada que decir siempre que no provoquen efectos para la salud de la mujer o que a ésta no se los cuenten.

            Atentamente,

            David

      • Y xq no lo da en adopcion y evita ser madre? Xq quitarle la opcion de vivir al niño?

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        • Por la sencilla razón de que se trata de la opción de ejercer un derecho, tener o no un hijo/a

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  2. La decisión de abortar debería ser consensuada primero con un psicólogo experto en el tema, que exponga a la futura madre los pros y contras de su decisión.

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    • Sinceramente, no entiendo por qué una persona adulta y con plenas facultades debe consensuar su decisión con nadie, sea «psicólogo experto», o lo que sea.

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  3. La cuestión no es si vale más la vida de una mujer que la vida de una mórula, la cuestión es que el momento de inicio de la vida tal vez no sea tan incuestionable. Algunos pensamos que en las primeras etapas del embarazo no hay una vida humana, sino una proto-vida, una expectativa de vida. Por lo tanto, en absoluto equiparable a la vida de una persona real. Un embarazo es una circunstancia de la vida privada de una mujer.
    Se mencionan en la entrada unos casos espeluznantes, en los que se pone de manifiesto la locura de unas autoridades políticas o médicas. Es necesario acabar con esas barbaridades, pero no sólo es necesario el aborto en los casos de violación o peligro para la vida de la madre (faltaría más, lo contrario es solamente una exhibición de la crueldad y enajenación de la realidad de ciertos sectores de nuestra sociedad patriarcal), es necesario mantener una Ley de Plazos, que permita a la mujer, sin dar explicaciones a quien no conoce nada de su vida ni de sus circunstancias, no llevar adelante un embarazo no deseado.
    Asi, un aborto no debe verse como una concesión a la mujer ni como un drama horroroso (ni para la sociedad ni para la propia mujer). Es solamente la manera que tiene una mujer de resolver una circunstancia personal que tendría una repercusión importantísima en su vida. Lo que no elimina la necesidad de que los jóvenes tengan un adecuado conocimiento de los métodos anticonceptivos, ya que un aborto es también una agresión al cuerpo de la mujer.
    Estrella

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    • Como comentó en su momento Juan Masiá, jesuita y profesor de bioética, es hipócrita oponerse al aborto sin abordar el asunto de la anticoncepción.

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  4. Finnis decía «Una bellota puede seguir siendo durante años lo mismo, simplemente una bellota. Si se planta, de ella saldrá un roble, un sistema biológico nuevo y dinámico que no tiene mucho que ver con la bellota, salvo que viene de ella y es capaz de producir otras nuevas. Supongamos que una bellota se forma en septiembre de 1971, se recoge en febrero de 1972, y se almacena en buenas condiciones durante tres años, y luego se planta en enero de 1975; brota en marzo de 1975 y cincuenta años más tarde es un roble maduro. Supongamos que pregunto: ¿Cuándo empezó a crecer el roble? ¿Diría alguien que en septiembre de 1971 o en febrero de 1972? ¿Pensará en qué fecha fue visto por primera vez en el jardín? Desde luego que no. Si sabemos que ha brotado de la bellota plantada en marzo de 1975, esto basta (aunque un biólogo querría ser más preciso); esa es la fecha en que nació el roble. Con mayor razón para con la concepción del niño, que no es una mera germinación de una semilla». Este argumento tiene varios lapsus, entre otros que se olvida de que el embrión, a diferencia de la semilla, se desarrolla en el útero de otro cuerpo.

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  5. Supongo que la propietaria del útero será dueña de la decisión de continuar o no el embarazo, ¿no?

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    • Pues no. Porque aunque es dueña de su útero no lo es de la vida humana que en él se gesta.

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  6. La ley Gallardón está llena de absurdos incluso para los provida: Si de lo que se trata es de proteger la vida del nasciturus, ¿no existe vida si ha habido violación, o esa vida es de otra calidad?. ¿Por qué se contemplan excepciones si la vida del feto es lo más importante? ¿Con qué criterios se han establecido las excepciones?
    Y como dijo su más excelso prócer, bien es cierto que EL hablaba de vino: ¿y quién eres tú para decirme a mí en qué condiciones puedo o no puedo disponer de mi cuerpo?

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    • También podríamos preguntarnos por las razones que les llevan a defender la vida del feto y sin embargo suelen ser partidarios de la pena de muerte. como se pregunta José Ángel ¿No son todas las vidas iguales?

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      • Silogismo falso. Que una persona o colectivo realice dos afirmaciones contradictorias, no implica que: a) alguna de ellas deba ser verdad, b) que las dos deban ser verdad.

        Segundo, ‘suelen ser partidario de algo’ no es un argumento para defender el aborto. Ni siquiera si se construye toda la frase ‘partidario de la pena de muerte’.

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    • No existen los pro-vida si no existen los pro-muerte…
      Por otro lado, la respuesta a esa pregunta es: si lo que haces con tu cuerpo expone a un peligro claro para el individuo, yo -el Estado- puedo decírtelo-. Por eso, por ejemplo, no se permite apuntar con un arma a la entrada de un colegio aunque uno no tenga intención de disparar.

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