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Discurso del Representante del Supremo Consejo

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Durante la Tenida de clausura del Convento federal 2013 el representante del Supremo Consejo para la federación española dirigió a los asistentes un discurso en el que, y entre algunas consideraciones de índole interna, dijo:

La Federación ha de ser la base y el apoyo de las logias, la estructura que alimenta y coordina, en un dar y recibir que impulse nuestros trabajos y armonice nuestros deseos. Todos los masones de la Orden compartimos un libre compromiso que asumimos al prometer la Constitución internacional. Este texto exige que nos pongamos a trabajar en la búsqueda de la igualdad, la justicia social, la libertad de conciencia y que nos apliquemos en la lucha por el máximo desarrollo moral, intelectual y espiritual de nuestro mundo para conseguir una humanidad fraternalmente organizada. En definitiva: la construcción de un Templo para la Humanidad.

Nuestra Orden ni obliga ni fuerza a la acción pero si quiere despertar en sus miembros su sentido de responsabilidad hacia el mundo que les rodea. Hay veces que los aprendices preguntan qué es el Uno, si trabajamos la dualidad, las dos columnas, y la triada, que es el punto de convergencia. ¿Dónde está el Uno? Hemingway, recordaba en una de sus novelas las palabras de John Donne, poeta del XVII: Nadie es una isla, completo en si mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva un pedazo de tierra, Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti.

El Uno eres tú y el todo, la humanidad, el cosmos vivo. El mito laico de progreso aleja definitivamente a la historia del ámbito religioso y la sitúa al amparo de la capacidad del hombre para entender y, sobre todo, como quería Marx, para transformar el mundo, como el dijo: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos. De lo que se trata es de transformarlo.”

El año pasado asumimos como compromiso defender el estado del bienestar. Decidimos que no se puede renunciar a una serie de derechos y dejarlos al arbitrio de los intereses políticos o comerciales, la educación , la sanidad y la seguridad jurídica que amparan el ejercicio de libertades y de la iniciativa personal. En la mayor parte del mundo estos derechos no existen. Para nosotros son muy recientes pero creemos que los hemos tenido siempre. Recordemos que las cosas se pueden deteriorar con mucha facilidad y muy rápido. Debemos defenderlos porque en ello esta nuestra seguridad, nuestra salud y la formación de las siguientes generaciones.

Lo que en la vida real es indeterminación y azar los relatos históricos los convierten en desenlace necesario. Pero no está ni el mañana ni el ayer escrito, y la renuncia racional al cautiverio religioso de la predestinación es a la vez motivo de esperanza y alerta. No estamos condenados a lo peor, ni el pasado nos ata a un provenir inevitable: pero tampoco hay ninguna garantía de que durará lo bueno que hemos logrado. No hay facultad que no se atrofie sin la práctica. No podemos permitir que el estado democrático renuncie al sostenimiento de una legalidad igualadora de los débiles y que estos queden a merced de los fuertes o de los bárbaros.

Debemos expresar nuestras ideas y luchar por hacernos hueco en el debate social. En el momento en el que por desgana o cobardía se deja de ejercer la libertad de expresión ya sea ha empezado a perderla. Recordemos que lo nuestro es el trabajo individual en lo colectivo. Por mucho que nos interese pulir nuestra piedra, trabajar en nuestra columna, no debemos olvidar que el objetivo último es ese Templo, ese Uno que es la Vida.

El último fin de nuestro trabajo es la Felicidad, con una Fuerza que la sostiene, una Belleza que la adorne y una Sabiduría que la gobierna. Esta felicidad solo se consigue cuando el anhelo individual del ser humano coincide con las aspiraciones colectivas. Trabajemos en silencio, lejos del griterío que todo debate social genera en nuestro entorno, y mantengamos una voz clara y moderada que tanto necesita nuestra sociedad.

El futuro está por escribir y en nuestras manos está colaborar en levantar ese edificio que llamamos Templo, que es vida. Despertemos y trabajemos con alegría y esperanza, un nuevo año va a comenzar. Como dijo un poeta:

No le faltan encantos a este horroroso mundo
ni tampoco amaneceres
para los que merece la pena despertar.

 

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