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Iniciación II

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Querida hermana, querido hermano, hoy os iniciáis en una institución más que centenaria y aspiraciones universales que trascienden a los tiempos y a los pueblos en una tríada que os sonará: Libertad, Igualdad y Fraternidad; algo común a toda la masonería. Y con unos valores compartidos de librepensamiento, camino iniciático, trabajo simbólico, respeto y tolerancia. Todos esos valores nos son muy queridos y en ellos nos reconocemos con independencia de en qué Orden masónica trabajemos.

Pero en la que hoy os iniciáis hay, además, unas características muy marcadas que definen nuestra idiosincrasia, como son la mixticidad, la internacionalidad, la vocación social y el laicismo. No es que estos valores no estén presentes en otras órdenes en una u otra medida, pero en El Derecho Humano constituyen sus señas de identidad.

La mixticidad está en el origen de nuestra Orden, sin ella no se entendería el motivo de ser de El Derecho Humano. La igualdad esencial de los seres humanos no admite, en nuestra opinión, ni excepciones ni cortapisas. Nuestra concepción de la mixticidad es una afirmación completa de la invocación de Igualdad del trilema masónico.

La internacionalidad, de modo que como obreros constructores que sin distinción de sexos, religiones, razas, filosofías, países o banderas trabajamos fraternalmente unidos por el Amor a la humanidad con el método simbólico que nuestras herramientas nos proporcionan.

Social, de forma que aspiramos a terminar fuera la obra comenzada dentro; desde ese VITRIOL que habréis visto en el gabinete de reflexión a la presencia con la logia en su manifestación pública. La masonería es primeramente y ante todo un proyecto de vida que encuentra en “el otro” su razón de ser, de modo que lo privado se extienda a lo colectivo; por ello, si hacéis de vuestra vida masónica un trabajo de mejora interna, imprescindible, por otra parte y, además, decidís exteriorizarla, hacedlo con el convencimiento de que esa es vuestra e inalienable decisión, pues hemos confiado en vosotros al reconoceros como “personas libres y de buenas costumbres”; y ése es el camino que nunca dejaréis de recorrer, en la logia, en vuestra vida privada o en la sociedad.

El laicismo como criterio de democracia, como afirmación de la libertad de pensamiento para vivir la dimensión espiritual del ser humano dentro o fuera de cualquier sentido trascendente, para creer o no en verdades reveladas, pero sobre todo para que la sociedad civil nunca esté supeditada a ninguna norma o mandato religioso, para que el modelo de convivencia se base en la libertad de creencias sobre el sentido último del ser humano. Laicismo que se plasma en ese libro con todas sus hojas en blanco sobre el que hace unos instantes habéis prestado vuestra promesa, de modo que podáis leer en él lo que vuestra conciencia os dicte en esa búsqueda que hoy iniciáis de vuestra verdad.

Y ese será el único misterio que encontraréis en la masonería: vosotros mismos y lo que traéis. Lo habéis visto cara a cara al poco de quitaros la venda, porque aquí no hay secretos, ni arcanos, ni misterios solamente accesibles a un puñado de elegidos, porque “ya ha pasado el tiempo de los misterios, de los secretos, de los arcanos…”, que no sean los que albergamos en nuestro interior y aquí venís, venimos, a pulir cada día.

Hoy empezáis vuestro trabajo, y en nombre de todo el taller os deseo el mejor de los éxitos. Contad con que todos los hermanos y hermanas, estamos para ayudaros.

 

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