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La metamorfosis

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¿Podemos considerar la iniciación masónica como una suerte de metamorfosis? Aún cuando en sentido estricto esto no sería así ya que no se trata de una transformación física, no cabe la menor duda de la iniciación masónica es el comienzo de un proceso cuyo resultado final debería ser el conseguir nuestra transformación interior. Es decir, estaríamos hablando de una metamorfosis simbólica en tanto en cuanto nuestra apariencia exterior no habría cambiado aunque sí nuestro ser interior.

No venimos a la masonería en busca de soluciones mágicas porque no es el lugar; nuestra metamorfosis es un proceso lento, aún más lento que el que ocurre en la naturaleza y por el que una crisálida se convierte en una bella mariposa, y que requiere aún más trabajo, se trata de cambiarnos a nosotros mismos pero sin dejar de ser quienes somos ya que debemos transformar únicamente aquellas partes de nuestro yo que presentan aristas, defectos, malformaciones.

Nuestra metamorfosis tiene como finalidad el alcance de una utopía, la perfección aquello a lo que llegaremos cuando la obra haya sido terminada y por tanto podamos ver que, al fin, hemos alcanzado la perfección. Desgraciadamente y como toda utopía estamos hablando de un imposible, siempre habrá un aspecto que retocar. Para nosotros la metamorfosis es un estado inalcanzable aunque no por ello renunciable.

De la misma manera que en la naturaleza la metamorfosis puede ser seguida a la vista de sus diferentes fases en masonería. Ese seguimiento lo podemos ver en el proceso de conversión de una piedra bruta en una cúbica, representación simbólica que -al contrario que en el caso de las mariposas- difícilmente podremos mostrar al mundo ya que se trata de un cambio íntimo, personal. Trabajamos sobre nosotros y, en primer lugar, para nosotros, no egoístamente sino porque se trata de un trabajo que en principio no va más allá de los limites de nuestro propio e íntimo ser, su traslación al exterior se realiza de un modo sutil, por pequeños pasos que irradiamos de manera cotidiana en nuestra relación con el entorno y que nos lleva, de esa manera pequeña, humilde y callada, a participar en la Gran Obra: el Progreso de la Humanidad y a su Gloria

Photo by josep salvia i boté

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