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una libertad perfecta

La Libertad está considerada, en nuestro siglo, como un precioso derecho absoluto. Así es como debe ser. En un siglo precedente, la declaración de Independencia americana ya nos enseña cuan altamente apreciada era la libertad entonces. «Sostenemos que estas Verdades son evidentes: Que todos los Hombres son creados iguales, que han sido dotados por su creador con Derechos inalienables, que entre estos se encuentran el derecho a la Vida, a la Libertad y a la Búsqueda de la Felicidad». Los padres fundadores de la República Americana ciertamente entendieron que la Libertad tanto en sentido individual como en un sentido social, es vital y esencial. Aquellos que se han liberado de la opresión política, religiosa o militar tienen una apreciación del valor de la libertad, que nosotros que vivimos una cómoda existencia de clase media en el siglo XXI, no somos capaces de captar.
Así que vamos a tratar de analizar lo que significa la libertad en un contexto masónico.

Dónde y cuandoquiera que se menciona la Libertad, aparece una sintonía inmediata con la
Masonería. ¿En qué dimensión hablamos a la vez de Libertad y Masonería? ¿Qué aspectos de la Libertad son más inmediatamente identificables con la búsqueda del autoconocimiento y la mejora moral? En el proceso de obtención de la Luz interior, ¿qué papel juega la libertad?

«¿Eres un ser Humano Libre y mayor de edad?». Esta es la primera pregunta que nos realizan al ser admitidos al templo para la iniciación. A primera vista esta pregunta parece
incongruente. Después de todo, acabamos de renunciar a nuestra libertad. Nos acaban de vendar los ojos y no somos capaces de seguir nuestro camino adecuadamente. Hemos sido
conducidos de aquí para allá, sin ninguna traza de poder haber ejercido nuestra libertad para dirigir nuestros pasos. Pero cuando contestamos, «Lo soy», lo hicimos a sabiendas de
que estábamos ejerciendo la máxima libertad, la libertad de decir: «Me pongo a mi mismo incondicionalmente en manos del principio creador que entiendo es la base de todas las actividades masónicas. Me encomiendo, no a un dogma o a un credo, sino a la más pura beneficencia». ¡Qué sensación de Libertad nos puede dar! La búsqueda de la mejora moral
requiere que, en un contexto masónico, nos liberemos de cualquier equipaje social, profesional o ideológico, que podemos haber estando cargando a nuestras espaldas y que impediría nuestro progreso. La verdadera pregunta que plantea el primer grado es, hasta qué punto permitiré a mis impulsos egoístas moldearme, o lo seré por la nueva vida ofrecida por la Masonería. Cuando soy capaz de decir, mi impulso es seguir por este camino, pero me han pedido dejar de seguir mis impulsos egoístas, así que iré por este otro camino, entonces, tendré una verdadera Libertad, una liberación de mi egocéntrica autocomplacencia. Ahora escuchemos de nuevo las palabras:
P.: ¿Cómo espera obtener esos privilegios?
R.: Con la ayuda del principio creador, con una buena reputación, siendo Libre.
¿Ha realzado el significado de Libertad de una manera ligeramente diferente? Examinemos esto un poco más profundamente. En un antiguo texto podemos leer:
P.: ¿Por qué se nos llama Francmasones?
R.: Porque somos libres y estamos liberados.
P.: ¿Libres y liberados de qué?
R.: Libres por la fraternidad y liberados del vicio.

En otras palabras, la búsqueda de la mejora moral nos libera de las ataduras materiales
dejando a nuestro espíritu libre para ascender.
Sobre otro aspecto, el mismo texto nos pregunta:
P.: ¿Cómo debería un Aprendiz servir a su Maestro?
R.: Con libertad, fervor y entusiasmo.
Esto añade una nueva perspectiva a la palabra libertad. Aquí servimos a nuestro Maestro, el Gran Arquitecto, con libertad, prontitud, siempre dispuestos a servir, sin dudar en hacerlo con fervor y entusiasmo.

Miremos ahora la moneda por el otro lado y examinemos lo que la Libertad no es. Aquí está el quid de la cuestión. Si un individuo ejerce la libertad para conseguir sus propios fines egoístas, si al hacerlo restringe o atenta contra la libertad de los que se encuentran a su alrededor, entonces eso no es Libertad, es Esclavitud. El que ejerce su libertad para poner bombas en autobuses o trenes, no es libre. Es un esclavo de su ideología, una ideología erróneamente considerada como apoyada por la religión. Falsamente, se siente como si fuera libertad, al renunciar a la responsabilidad por sus pensamientos y acciones.
Recientemente un hombre fue apuñalado en un autobús de Londres. Una mujer acudió en su ayuda y pidió a los demás pasajeros que la ayudaran. Aunque el agresor hacía ya tiempo que había dejado el autobús, y el peligro para esas otras personas había desaparecido, los que la rodeaban se lo pensaron dos veces y no acudieron prestos en su ayuda. La mayoría de ellos ejercieron su libertad individual «para cambiar de acera y evitar el problema».

Su crimen no se puede comparar con hacer explotar bombas, pero fallaron en sobreponer
la libertad compartida sobre sus interese egoístas, y su ejercicio de libertad individual, que
les llevó a actuar como quisieron les hará esclavos de su conciencia hasta el momento en
que hagan algo para redimir su omisión de socorro.

Escuchemos lo que John Milton tenía que decir sobre la libertad en el siglo XVII:

Nadie puede amar la libertad excepto los hombres de bien;

El resto no ama la libertad sino el libertinaje.

En masonería al menos, podemos abandonar aspectos del ego en la iniciación con el fin de obtener una mayor libertad, la del corazón, y esa Libertad puede llegar a ser nuestra verdadera fuerza.
J. R.

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