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Vergüenza y oprobio

No es que se trate de algo nuevo lo que está ocurriendo en el Mediterráneo, tampoco la postura adoptada por las instituciones europeas olvidadas desde hace ya mucho tiempo de lo que es realmente importante, pero parece más que evidente que llega el momento de decir ¡¡¡BASTA!!! una vez que determinadas situaciones pasan no la línea roja sino  las  de todos los colores que podamos imaginarnos para determinar cuando una situación se escapa del control.

Europa, hasta no hace mucho patria de libertades y de respeto y salvaguarda de los Derecho Humanos parece haber caído presa de la estulticia y de la razón de los mercados para hacer tabla rasa de lo que son sus señas de identidad, pasando de ser un referente mundial en la defensa de aquellos para convertirse en una caricatura de un glorioso pasado humanista.

Día a día, en aras de unas políticas económicas cada vez mas alejadas de proporcionar felicidad y bienestar a sus ciudadanos, se hunde más en el oprobio y la vergüenza de dejar morir a miles seres humanos que huyen de conflictos a los que la propia Europa no es ajena. Precisamente ese tipo de políticas económicas restrictivas que llevan a la pobreza a miles de sus propios ciudadanos, son las que eliminan los recurso necesarios para socorrer a quienes en manos de mafias, no muy difíciles de detectar y combatir si hubiese el más mínimo interés en ello, son tratadas como mercancía de muy escaso valor ya que como vemos no existe el menor interés en hacer que lleguen a su destino. Parece que este nuevo tráfico se está convirtiendo en el nuevo y más rentable negocio de las mafias internacionales, no importa que la “mercancía” no llegue a su destino, el beneficio consiste en meterla en barcos en condiciones de práctico desguace al mando de capitanes sin escrúpulos y con la connivencia pasiva de las autoridades de los puertos de salida y la falta de humanidad de esta Europa ya desconocida.

Nos preguntamos cual será el nivel de tolerancia de la ciudadanía europea, más preocupada por dejarse adormecer por los cuentos de unos gobernantes cada vez menos atentos a las necesidades de la gente, antes de decir ¡¡¡BASTA!!! a un genocidio del que todos nosotros terminaremos por ser culpables por omisión.

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