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La formación masónica

 

 

formación masónica - palabras huecas

Algunas Hermanas y Hermanos sostienen que la formación masónica debe seguir pautas similares a las de una formación académica, incluso conozco varios intentos de conformar una metodología en la que hasta se incluía una especie de “asignaturas troncales”, complementadas con algunas otras alternativas

El simbolismo, la información básica necesaria, de cualquiera de los tres grados de una Logia azul se encuentra encerrado dentro de los correspondientes cuadros de logia y los correspondientes rituales, no quedando por tanto más que reflexionar sobre sus contenidos para comprender y trasladar a nuestra vida, a la de cada una y uno de manera concreta, aquello que encierran sus símbolos.

Es conveniente tener muy presente, y repetírselo hasta la saciedad a todos los miembros de una  Logia, que no existe una interpretación única e inapelable de los elementos simbólicos, que el símbolo es simplemente una herramienta que está a nuestra disposición para ayudarnos en nuestro trabajo de construcción de ese ser humano nuevo y mejor al que aspiramos al entrar en masonería con el fin de contribuir al Progreso de la Humanidad.

Las querencias personales o las aficiones de quien se encarga de la formación deben, obviamente, quedar al margen de lo que se transmite y que se aleje del simbolismo de cada Grado, será la única manera de que no se vayan introduciendo elementos ajenos y que con el paso del tiempo, no demasiado en verdad, terminan por convertirse en “verdades inmutables” o en “tradiciones” incuestionables y dignas de ser mantenidas por más irracionales que resulten.

Es conveniente también que, sobre todo, quien ocupe la plaza de Segundo Vigilante tenga bien presentes las palabras del Hermano Frankeski en su libro “El Arte de Trabajar en Logia” y que dice sobre la formación de los Aprendices:”…El segundo vigilante es un poco como el jardinero que no tiene un plan preestablecido para cultivar sus flores y que no ignora la importancia de la atención que debe darse a todos los jóvenes brotes (neófitos).
Sabe observar la naturaleza de la planta que le ha sido confiada y descubrir las enseñanzas que mejor vendrán a su desarrollo que es también el de toda la logia: su florecimiento.
Algunos necesitarán mucha luz(ces), y de un buen tutor, otros lo mínimo para desarrollarse solos.
Algunos son frágiles y otros están dotados de defensas naturales, algunos magníficos a los que no deberá privilegiar y otros pequeños y tímidos a los que deberá revalorizar.
Si es de los jardineros poetas, nuestro segundo vigilante se debe convertir en jardinero psicólogo …

Hace alguna semanas publicábamos en este mismo blog un artículo bastante esclarecedor sobre algo que puede parecer banal pero que en el fondo no es más que la muestra de como los errores se transmiten de generación en generación por la simple razón de que, en algunos casos, los encargados de la formación repiten lo aprendido sin pararse a reflexionar si la instrucción que recibieron era correcta, sin contrastar la enseñanza recibida con lecturas o el intercambio de reflexiones con otras Hermanas y Hermanos en la Logia. En tales casos, y desgraciadamente, la interpretación del simbolismo se vuelve dogmática y por ello totalmente contraria a los principios que inspiran la masonería, formar personas capaces de pensar libremente alejadas de todo dogmatismo.

En fin, tampoco debemos olvidar que, en mi opinión, lo fundamental en todo el proceso de formación es transmitir la pasión por aquello en lo que trabajamos aunque bien es verdad que puede resultar complicado transmitir algo de lo que se carece

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