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Las otras herramientas

Este artículo se publicó originalmente en el Blog de la Logia Progreso (Oviedo – Asturias)  en julio de 2016

Todos los Grados Azules tienen sus propias y determinadas herramientas, diferentes y con distinta complejidad en su manejo, más complejo cuanto más avanzamos en nuestra andadura masónica.

En una época en la que las tecnologías de la información se encuentran incorporadas de una manera natural a nuestra vida cotidiana, parece que resulta difícil sustraerse a la tentación de intentar ir un poco más allá de lo que corresponde a cada una de las etapas de ese camino, utilizar herramientas que no nos son propias.

Así, no es difícil ver a Hermanas y Hermanos navegando con fruición por la red, ávidos de nuevos “conocimientos” que terminan en sus escritos, poco o nada digeridos, en ocasiones simples “copia y pega “ sin el menor sentido, y para los que se carecen de los conocimientos que podrían explicar su significado. No es raro, tampoco, encontrarnos con las más variopintas mezclas simbólicas en ocasiones alejadas de aquello que es la masonería. El resultado de todo ello suele ser bastante desafortunado

Frente a esa manera de actuar me gustaría presentaros algunas herramientas que considero francamente útiles aunque no aparezcan en los Cuadros de Logia.

La actitud, que nos permitirá aprovechar, o no, las enseñanzas de aquello que se trabaje en la cantera. Dependiendo de la que adoptemos ante el “hecho” masónico nos permitirá ser o simplemente estar; conocer o aprender, mantenernos en la superficie de las cosas o profundizar en todo lo que conforma el universo del método masónico.

Esa adecuada actitud será las que nos lleve a acudir a las tenidas con sobriedad en el vestir, respetando en lo posible el uso de los tonos oscuros con el fin de ayudar que a todos nos resulte fácil mantener la concentración y la adecuada receptividad durante las tenidas.

La que se debe mantener en todo momento por cuanto las formas son importantes no sólo en masonería sino en cualquier momento de la vida

La humildad, la bien entendida humildad de quien realmente trata de mejorar-se para poder transformar la sociedad. Aquella que nace del convencimiento de que traspasada la puerta del taller todos y cada uno de quienes nos reunimos aquí tenemos algo que aportar y algo que aprender. La más de una vez comentada formación bidireccional.

Humildad como antídoto contra la soberbia intelectual, quizás uno de los más perniciosos vicios que podemos encontrar dentro y fuera de estos muros pero que aquí adentro resulta aún más chocante y evidente.

El silencio, no el silencio del Aprendiz, del que se ha hablado y espero que se siga hablando, tesoro tantas veces despreciado y del que tratamos de deshacernos con subterfugios pueriles para al final comprender que los atajos suelen llevarnos a “ninguna parte”. Hablo del SILENCIO con mayúsculas, el que impide convertir determinados momentos en tiempos dedicados a un simple cotilleo más propio de un patio de vecindad que del que corresponde a una reunión de personas empeñadas en su mejoramiento personal y el de la sociedad en la que viven.

Pensemos que si tales cosas no son cortadas de raíz suelen ser causa de la descomposición de los talleres o, al menos, la creación de grupúsculos y camarillas que debilitan las estructuras más fuertes. Ejemplos conocemos todos de talleres con pocos miembros y en los que nos es difícil contar dos o tres grupúsculos una vez que la fraternidad ha salido por la puerta.

La fraternidad, no confundir con la amistad que es cosa diferente y que no necesariamente van unidas. Norma elemental de comportamiento masónico y que permite que personas diferentes, muy diferentes incluso, se sienten en armonía y que el trabajo cunda y los frutos sean generosos. Virtud masónica presente en nuestra divisa como cierre o broche de las que le preceden, Libertad e Igualdad, y que hunde sus raíces en el respeto al otro, a sus ideas, sin que se pueda aplicar de una manera selectiva puesto que quienes aquí nos sentamos nos reconocemos como iguales, a la par que Hermanas y Hermanos, por encima de nuestras diferencias siempre enriquecedoras aún en la más absoluta discrepancia.

El ritual, he dejado este asunto para el final porque me parecía que era una buena manera de cerrar este trazado sobre las otras herramientas. La masonería no es nada sin rito y en él, en nuestro caso el Escocés Antiguo y Aceptado, podremos encontrar los elementos necesarios para llevar a cabo nuestros trabajos si somos capaces de leer entre líneas.

Su correcta ejecución, pero sobre todo, la interiorización del mismo nos permitirá obtener un adecuado aprovechamiento de las tenidas y en ocasiones, muy raras por desgracia, vivir el egregor, la máxima expresión de la unidad de quienes nos sentamos en las columnas de la cantera.

Que nuestros trabajos resulten propicios, que la Fraternidad reine entre nosotras y nosotros y que tanto la Libertad como la Igualdad sean norma de conducta correctamente entendidas.

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