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Reflexiones sobre el trabajo simbólico

Grâce aux symboles, l’initié est amené à se poser des questions, et à chercher des réponses personnelles, car un symbole est de nature plurielle, et donc riche d’interprétations diverses.1Gracias a los símbolos, el iniciado es conducido a hacerse preguntas y a buscar respuestas personales, porque un símbolo es de naturaleza plural y por lo tanto abierto a múltiples interpretaciones.

Viviane Starck

 

Frente a quienes creen que los símbolos son algo reservado exclusivamente a quienes gustan de hurgar en antiguos arcanos de interpretación unívoca, casi rayana en el dogma, la frase de la Hermana Starck viene, en mi opinión, a poner las cosas en su verdadero lugar, y romper con algunos de los mitos en los que algunos quieren envolver la masonería con el ánimo de erigirse en gurús poseedores de las claves que dan acceso a la interpretación que, naturalmente, gustan que se adecuen a un pensamiento único, tan alejado de las esencias masónicas, pero que a quienes piensan de aquella manera tanto les gusta cultivar.

Casi todos los que estamos en masonería hemos sufrido en el acercamiento al trabajo simbólico, bien por tratarse de algo ajeno a nuestra cultura, bien por escapar a nuestras preocupaciones habituales, si además tenemos la desgracia de encontramos con los guardianes de los arcanos el sufrimiento puede crecer hasta extremos que nos hagan abandonar el camino de su estudio y decantarnos por algo más acorde con nuestra preocupación mundana, el trabajo social.

En esa pugna entre los guardianes de los arcanos y quienes tratan de encontrar un camino hacia la comprensión del símbolo abierta y capaz de satisfacer a la pluralidad de personalidades que se dan cita en una Logia, suelen aparecer, en ocasiones, otros guardianes, los de la razón, tan peligrosos como los primeros pues no dudan en calificar de simbolatría cualquier trabajo simbólico incluido aquel que se desarrolla dentro de unos parámetros en los que la razón es un componente esencial. Quizás todo el problema estribe en que ni aquellos ni estos han comprendido la verdadera naturaleza del trabajo masónico, la construcción a partir de discursos que se sostienen en la reflexión nacida del conocimiento de los símbolos que nos hemos dado, y que a pesar del tiempo pasado siguen siendo válidos.

Bien es cierto que en ese hacerse preguntas y buscar las respuestas que a cada cual más convienen y ayudan, existen ciertos límites que no podemos traspasar. No podemos convertir un instrumento en otro por más que en ocasiones en la vida profana puedan servir para salir de un apuro; para quitar un tornillo debe utilizarse un destornillador y no un cuchillo por más que este pueda servir para salir del paso y destrozar la cabeza del tornillo convirtiéndolo en una chatarra inservible. La regla nunca nos servirá de palanca y el compás no se convierte en regla por más que abramos sus brazos hasta alcanzar los 180º.

Así como cuando se trata de las herramientas, como se ha expresado en el párrafo anterior, existen límites impuestos por su propia naturaleza, a lo largo del camino iniciático vamos encontrando elementos que permiten una más abierta interpretación debido precisamente a que abandonando las herramientas se utilizan conceptos que,indudablemente, resultan mucho más proclives a la libre interpretación, incluso llevada esta a las antípodas de la que se les confiere en las escuelas masónicas más tradicionalistas. Sería esta una buena razón para seguir el camino masónico más allá del Tercer Grado, etapa que nunca meta, pues siempre hay, debiera haber al menos, preguntas sobre las que no se obtienen respuesta hasta un poco más adelante.

 

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