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¿Cuál es el objetivo final de la masonería?. Siempre que alguien me formula esa pregunta no puedo evitar el decirme a mí mismo y en silencio: ¿Se habrá enterado si quiera de cuál es el objetivo inicial, que tanto le preocupa el final?

Con casi toda probabilidad, todos los que nos movemos o nos hemos movido por los andamiajes típicos de estos mundos de construcción hemos escuchado esa misma pregunta alguna vez y de seguro que no será la última. La verdad es que así formulada, la respuesta parece ser muy obvia, dado que podría bastarnos el echar una ojeada a la Constitución Internacional y ceñirnos a las líneas que todos conocemos en las que se pueden leer las palabras “la justicia social en toda la Tierra en una humanidad fraternalmente organizada”.

Sin duda es así, pero no nos sorprende el hecho de que cuanto más nos adentramos en los manglares del desarrollo personal, más nos vamos dando cuenta de que existe una realidad ineludible la cual nos va abriendo los ojos a una versión más extendida de todo este asunto, y es que esa meta definitiva que muchos buscan alcanzar no existe como tal.

Por ejemplo en masonería, “La perfección” que es un término muy empleado por algunos, no existe como tal. Sí lo puede hacer como error demostrado y demostrable. Ya que sí sucede con bastante frecuencia que gracias a malas interpretaciones de todo tipo, nos desviamos totalmente de nuestro objetivo. Hermanos y hermanas que se encuentran sentados entre nosotros siguen apuntando tan alto una y otra vez que acaban por fallar el tiro casi por sistema, entrando en un bucle de prueba-error que les acaba por dejar irremediablemente inmersos en una ciénaga mental de no pequeña dimensión.

Comprendemos entonces que la realidad del trabajo masónico, por sí mismo, exige entenderse e interpretarse de manera libre, Sí. Pero como algo alcanzable, un trabajo ilimitado, pero de veinticuatro horas a la vez. De Hoy y aquí. De primero un pie y después el otro. No estamos en una carrera de 100 metros. Pero sí nos acercamos más a una maratón. Tampoco se debe trabajar con la idea de llegar a ser perfecto o de alcanzar un conocimiento supremo, porque quienes enfocan sus trabajos de esa manera, no solamente no logran lo que se proponen, si no que además suelen caer en profundos pozos de desilusión y desidia de difícil recuperación.

Expresiones como: “No me esperaba que esto fuera así” o “creía que encontraría otras cosa”, no son más que el fruto de una mala interpretación de la realidad masónica y bajo ningún concepto sirve el echarle la culpa a un hermano o una hermana de todos nuestros males de comprensión, pues nuestra obra es un trabajo colectivo y debe tomarse como tal.

Si no nos gusta algo, somos libres de cambiarlo, de pulirlo si es posible; y si no es posible, debemos mirar a otro lado y apartar esas piedras al lado de las esquirlas que nos son inservibles para construir.

Somos humanos, y como tal tenemos nuestras limitaciones. Esa es la base de nuestro trabajo. En primer término reconocer cuales o qué son esas limitaciones, y en segundo lugar, luchar contra ellas.
Sobre el trabajo al progreso de la humanidad; lo que perseguimos los masones no es fácil ni muchísimo menos, ya que dados los contextos geopolíticos y sociales actuales, la idea de una paz y armonía mundiales resulta cuando menos utópica. Debemos de ser cautos y responsables en este sentido llamando a las cosas con su nombre.

Me gustaría finalizar invitando a una clara reflexión: La masonería es esa lluvia fina y continua, que va empapando y que cala, como bien acostumbra a recordarnos de vez en cuando un Muy Querido Hermano nuestro. Y se desarrolla por un camino diametralmente opuesto al de la inmediatez, la meta definitiva, y el egoísmo. Por ende, pienso humildemente que deberíamos hacer todos y todas un pequeño esfuerzo por ir incluyendo en nuestros respectivos cuadernos de bitácora, palabras como: paciencia, perseverancia, tolerancia y resignación, estoy convencido de que ahondar un poco más en estos conceptos nos vendrá como anillo al dedo en nuestros trabajos masónicos.

Edgar Burgos

2 Comentarios

  1. Metáfora ideal la de la lluvia fina: a ser posible, salir sin paraguas para q el efecto sea inevitable. No protegerse von las pequeñas excusas q nos permiten mentirnos a nosotros mismos. No hay masonería detrás del fingimiento, solo vacío

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  2. Perdón por la corrección gramatical pero «todos» en Castellano quiere decir «todos y todas» por lo cual repetirlo es redundante. Gracias por tan interesante artículo.

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