En estos días en los que los masones celebramos el solsticio de verano, nos hemos encontrado con una felicitación en la que aparecían una escuadra, un compás y la tan afamada «G» de la cultura masónica anglosajona.
Este hecho, que a primera vista podría parecer un detalle sin importancia, una inercia estética o una búsqueda de homogeneidad mal entendida, nos invita a una necesaria reflexión pedagógica. Cuando estos símbolos se mezclan de forma descuidada en los entornos de la masonería liberal y mixta, conviene poner las cosas en su sitio, no por afán de crítica, sino por el puro deber de transmitir correctamente nuestra identidad y entender qué es, realmente, el principio de laicidad.
La «G» anglosajona frente a la laicidad de la vía francesa
En la masonería de corte anglosajón o dogmática, la letra «G» en el centro de la Escuadra y el Compás remite inequívocamente a God (Dios) o al Great Architect of the Universe (Gran Arquitecto del Universo), ligado históricamente a una exigencia de fe y a una visión teísta.
Cuando el tejido masónico continental, liberal y progresista rompió con ese dogmatismo a finales del siglo XIX —proceso en el que se gestó el nacimiento de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain – El Derecho Humano—, el principio de laicidad pasó a ser la piedra angular. Laicidad no significa beligerancia contra la religión, sino absoluta libertad de conciencia: la Logia es el espacio neutral donde caben creyentes, ateos y agnósticos por igual, sin que ningún dogma presida los trabajos.
Adoptar por mimetismo la iconografía clásica anglosajona diluye nuestra especificidad y confunde, tanto a los profanos como a los propios iniciados, sobre los valores emancipadores que verdaderamente defendemos.
Si, por nuestra propia historia acudimos, a las fuentes y a la herencia que nos legaron los fundadores, el simbolismo propio de El Derecho Humano tiene una riqueza y una carga ideológica muy distinta.
El emblema histórico de la Orden no deja el centro vacío para una «G» deísta, sino que se compone de:
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La Escuadra y el Compás: Símbolos universales de la rectitud y la medida de nuestras acciones.
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Las ramas de acacia: Que rodean el conjunto recordando la inmortalidad del pensamiento, el conocimiento y el renacimiento constante.
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Una Estrella Roja en el centro: Símbolo del ideal social, el progreso, la humanidad emancipada y la fraternidad universal.
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La «G» en el interior de la estrella (propia del Grado de Compañero): Que lejos de teísmos, evoca los pilares del conocimiento y la razón humana: Geometría, Gnosis, Generación, Gravitación, Genio… El ser humano como motor de su propio destino a través de la ciencia y el intelecto.
La forma es fondo
En masonería, los símbolos no son meros recursos de diseño gráfico que puedan intercambiarse por motivos estéticos. La forma es fondo. Una felicitación solsticial es un acto de comunicación; descuidar el símbolo es, en cierta medida, desdibujar el mensaje de vanguardia que nuestra masonería trajo al mundo.
Hacer pedagogía sobre nuestros símbolos no es un ejercicio de rigidez, sino un acto de responsabilidad y respeto hacia nuestra propia tradición. Sigamos celebrando los solsticios y trabajando por el progreso de la humanidad, pero hagámoslo reconociendo y honrando las herramientas que definen nuestra identidad única

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