República y Masonería Liberal: La Coherencia de los Principios

Masoneria Mixta

En el eterno debate sobre el papel que la masonería debe jugar en el mundo secular, a menudo surge una pregunta que incomoda a los sectores más formalistas de la Orden: ¿Un masón liberal tiene la obligación de defender la República como modelo de Estado?

La respuesta que nos facilitan los reglamentos y constituciones es un «no» normativo. Al igual que no existe un dogma religioso, tampoco existe un dogma político. Imponer una forma de Estado por decreto vulneraría el principio sagrado de la libertad de conciencia. Sin embargo, si elevamos la mirada por encima del frío positivismo jurídico y entramos en el campo de la coherencia ética, la filosofía cívica y la correspondencia de ideales, la perspectiva cambia por completo.

Para quienes entendemos la logia como una escuela de ciudadanía y un laboratorio vivo de transformación social, la República no es simplemente una opción institucional entre otras: es la traducción política más natural de nuestros principios universales.

Existe un cordón umbilical invisible pero indestructible que une la estructura interna de un taller masónico con la arquitectura ideal de una República. Los valores que libremente asumimos encuentran en el republicanismo su encarnación teórica más pura.

  • La Igualdad Radical (La Línea de Nivel): En nuestros talleres, todo privilegio de nacimiento, fortuna o estatus social desaparece al cruzar su umbral. Nos reconocemos iguales por nuestra condición humana y nuestro compromiso con el progreso. Trasponer esa vivencia a la realidad civil exige, por pura coherencia, un modelo político donde la jefatura del Estado y el acceso a la plena ciudadanía no dependan del azar biológico, de privilegios dinásticos o de derechos de cuna. Una magistratura inaccesible por razones de sangre choca inevitablemente con una ética de la igualdad real.

  • La Libertad y la Soberanía Absoluta: La República se fundamenta en una premisa radical: el poder emana única y exclusivamente del pueblo soberano. No hay legitimidad divina, ni herencia histórica que valga para justificar el acceso al poder. Esto refleja fielmente el principio del libre examen y la autonomía del individuo que cultivamos en masonería. Somos los arquitectos de nuestro propio destino, tanto en lo individual como en lo colectivo.

  • La Fraternidad Institucionalizada en Justicia Social: La fraternidad masónica no es mera beneficencia condescendiente; es la conciencia profunda de nuestra interdependencia. En el plano político, la Res publica (la cosa pública, lo que es de todos) transforma esa fraternidad en derechos sociales, en servicios públicos fuertes, en educación laica como elemento igualador y en el combate frontal contra la exclusión social.

Quienes trabajamos bajo principios tan claros como los que fundamentan la Proclamación de Le Droit Humain, o los que se especifican en el Título I de nuestra Constitución Internacional, el imperativo ético del bien común adquiere una dimensión constitucional. Nuestra Orden proclama la máxima línea de desarrollo moral, intelectual y espiritual para todos los seres humanos, situando la realización del individuo en y a través de la sociedad.

Esta primacía del bien común sobre el interés particular nos sitúa en rumbo de colisión frontal con las visiones hiper-individualistas y neoliberales de la modernidad. No puede haber verdadera libertad individual si esta se construye sobre la desprotección del otro. El Progreso de la Humanidad, objetivo último de nuestros trabajos, nos empuja a defender las estructuras políticas que mejor garanticen la dignidad humana.

Frente a los desafíos contemporáneos —la mercantilización de la vida, el auge de los discursos de exclusión, la opacidad de los algoritmos que fragmentan la sociedad y el tecno-feudalismo dominante—, el republicanismo clásico aporta un valor indispensable: la virtud cívica, que es la disposición a anteponer lo colectivo a los intereses egoístas. Pulir la piedra bruta en logia no es un ejercicio de misticismo aislado, sino un entrenamiento ético para salir al mundo exterior a defender lo público, lo que nos une.

Así, como masones liberales no defendemos la República por un mandato dogmático de nuestra obediencia, sino por la imperiosa necesidad de que los principios internos no entren en contradicción con la acción ciudadana en el mundo.

La laicidad como garantía de la libertad de conciencia, la educación y la razón como herramientas de emancipación frente a la demagogia, y la supremacía del bien común son la esencia misma de la masonería liberal. Defender la República, entendida como esa filosofía moral y cívica de ciudadanos libres e iguales, es —en última instancia— defender las condiciones necesarias para que la utopía social que construimos en el templo pueda, algún día, ser una realidad en la calle.

1 Comentario

  1. Gonzalo Tapia

    En resumidas cuentas que en España, desde hace ya 200 años, ser republicano es ser demócrata.

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